NO TE VA A GUSTAR
Hoy, una de las bandas de rock nacional más exitosas de los últimos tiempos se presentará en un recital que, al igual que en anteriores oportunidades, promete ser un espectáculo memorable. «No te va gustar» se ha ganado un lugar en el corazón de los jóvenes uruguayos, a partir de su calidad musical y el rico despliegue escénico que desarrollan sus numerosos integrantes y su diversidad de instrumentos. Sus canciones recogen variadas temáticas y algunas, incluso, contienen referencias a la política de nuestro país.
Para quien no los conoce o no ha escuchado siquiera un tema, lo primero que sorprende es el nombre de la banda, que incita al desconcierto. «No te va gustar» ha cruzado fronteras con resultados descollantes y a esta altura, su nombre representa una risueña ironía ante el éxito alcanzado. «No te va gustar», antes que salga el primer sonido de sus guitarras o de su batería, invita a dejarse llevar y a confiar positivamente, en que, por el contrario, «sí me va a gustar».
No creo que esa sea la sensación general que tienen los uruguayos, con respecto a un hipotético triunfo del Partido Nacional en las próximas elecciones. Por más que algunos temerarios compatriotas tengan ganas de intentar raros experimentos o de dejarse llevar por el discurso liviano, un gobierno del Partido Nacional, o mejor dicho, de la tradicional coalición que conforma con sus socios colorados, me animo a decir que no te va a gustar y no te va a gustar.
Esto va más allá de la ubicación socioeconómica del lector, de sus creencias religiosas, su posición política o filosófica. Sin importar sexo o edad, características étnicas o lugar de residencia, sea en Montevideo o en el interior del país, más allá de cualquier clasificación, se puede, desde ya, tener la certeza de que no te va a gustar.
No vale olvidarse ni hacerse el distraído. Nuestra advertencia es muy clara y no es producto de ninguna especulación perversa, surge directamente de los propios anuncios que realizan los candidatos de los partidos tradicionales acerca de cuáles serían sus medidas en caso de llegar al gobierno. Y esos anuncios proclaman, desde ya, la decisión de «recortar el gasto», o sea, la inversión social del Estado, los fondos que el Estado destina a la educación y la salud pública, las asignaciones familiares y los distintos programas que impulsa el Ministerio de Desarrollo Social.
Las consecuencias del archiconocido «recorte del gasto», ejercitado en reiteración real durante los pasados gobiernos de blancos y colorados, se manifiestan directamente en el descenso del nivel de asistencia a los uruguayos más pobres, el deterioro de los servicios públicos fundamentales y el retroceso en las condiciones de vida de buena parte de la población. Representa el desmantelamiento de la red de protección social y de los principales avances obtenidos por las políticas sociales del gobierno frenteamplista. Un golpe muy duro, muy difícil de asimilar para cualquiera, hasta para los menos solidarios o los más egoístas.
El Uruguay ha tenido cuatro años excepcionales en cuanto a crecimiento económico, que el gobierno del Frente Amplio, con acierto y nítidos resultados, ha logrado aprovechar, para aumentar gradualmente la inversión social del Estado. Un esfuerzo sistemático y combinando, de crecimiento y distribución, en el marco de un responsable equilibrio fiscal, como no se había observado, ni de cerca, en ninguno de los gobiernos de blancos y colorados.
Desandar ese camino, es proponerle al país ni más ni menos que retroceder. Es el retorno a la mediocridad del Estado prescindente y carente de compromiso en materia social, pero además combinado con el desequilibrio y el pésimo resultado fiscal ya demostrado por las rigurosas gestiones de los superadministradores tradicionales, que paradójicamente hoy, nos reclaman disciplina y recortes.
Blancos y colorados también prometen terminar con toda la legislación que en materia de relaciones laborales aprobamos en estos últimos cuatro años. Son las normas que reubicaron al Uruguay en el concierto internacional, como un país de avanzada en cuanto a regulación laboral, superando con mucha dedicación décadas de injusticias, abusos y deterioro. Pese a ello, para blancos y colorados, la derogación de estas normas y la eliminación de la negociación colectiva, se proclama como un objetivo de primer orden. Un verdadero contrasentido, inexplicable a la luz de los beneficiosos resultados obtenidos en materia de acuerdos, salario, estabilidad, protección y descenso de la conflictividad, que han beneficiado no sólo al trabajador sino al país en su conjunto.
Los anuncios también han sido sumamente claros en cuanto a que, por supuesto, ya no habrá 4.5% para la educación. La promesa es por demás esperanzadora. Con blancos y colorados en el gobierno, volveremos a aquellos presupuestos del pasado para la educación. A la penuria económica y el abandono en la escuela pública, al estancamiento salarial de los maestros, profesores y funcionarios, al conflicto permanente y la asfixia presupuestal de la Universidad.
Se afirma que las políticas sociales implementadas por el Ministerio de Desarrollo Social también serán eliminadas. Blancos y colorados lo han declarado con suma insistencia, no comparten nuestra visión sobre el papel relevante de las políticas sociales en la superación de la indigencia y la pobreza. Fieles a sus postulados ideológicos, sostienen que el desarrollo económico por sí mismo, crea las oportunidades y las condiciones para el progreso material de los individuos, que se diferencian a su vez, a partir de sus capacidades competitivas. Para ellos, las políticas sociales son un gasto inútil, una pérdida innecesaria.
Lamentablemente y en contradicción con tan distinguida teoría, el desarrollo y la gravedad de la fractura social y cultural ocurrida en el Uruguay, en los últimos 20 años, ha presentado muy otras conclusiones. Sin una importante inversión del Estado en programas de desarrollo social, en políticas dirigidas hacia los contextos más críticos, sin un fuerte compromiso expresado en políticas de generación de oportunidades, el crecimiento económico, por sí solo, no va a resolver la acuciante situación que padecen muchas decenas de miles de compatriotas. Y tampoco, así nomás, por generación espontánea, vamos a conseguir mejor distribución y equidad, si el Estado no juega un papel decisivo en ambos renglones. Pero claro, esto último, a la derecha no le interesa.
La victoria electoral del Frente Amplio es imperiosa, todos nuestros logros y conquistas sociales dependen de ella. No hay nada más importante que el triunfo en octubre y haremos todo lo posible para materializarlo. Nuestra iniciativa de promover la mejor fórmula de candidatos del Frente Amplio, para alcanzar el triunfo en primera vuelta, no era ni es caprichosa. Constituía una respuesta poderosa a la necesidad de defender lo conquistado y al desafío de desarrollar entre todos, cinco años más de avances y transformaciones. La mejor fórmula, la de Astori – Mujica, que en su momento bautizamos como la fórmula arrolladora, reunía y reúne los mejores niveles de acumulación y potencialidad electoral frenteamplista.
El Congreso del Frente Amplio «Cro. Zelmar Michelini», determinó que el candidato a presidente surgiera de las urnas, en la elección interna del próximo 28 de junio. Aceptamos el reto democrático. Estamos haciendo todo lo posible para que Danilo Astori encabece la fórmula de los frenteamplistas, pues con Astori ganamos en primera vuelta y de eso no cabe duda. La victoria del Frente Amplio, es el objetivo central que anima todos nuestros esfuerzos. Porque si no la concretamos, si volvemos al pasado, si le damos la oportunidad al binomio tradicional de volver a gobernarnos, tengan la absoluta seguridad de que «no te va a gustar».
|*| Senador Nuevo Espacio FA
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