EN DEFENSA DEL PUERTO

Montevideo fue originalmente un puerto para el país y la Región: su «hinterland» abarca el Sur de Brasil, Paraguay, Bolivia, varias Provincias argentinas y hasta las necesidades chilenas de entrar o sacar mercaderías por el Atlántico tanto provenientes del sur (Estrecho de Magallanes) por agua, como de Valparaíso y Santiago por tierra. No hay novedad porque rompe los ojos desde hace siglos.

Pero un puerto es hoy más que nunca inconcebible sin ferrocarril. Y, aunque parezca increíble, Nueva Palmira no lo tuvo ni tiene y a Montevideo se lo amputaron. No olvidemos que por vía férrea podemos entrar o salir por redes regionales.

Todos sabemos QUIÉN pero no sabemos QUÉ conjunto de poderosos intereses nacionales y extranjeros mancomunados destruyeron el ferrocarril uruguayo.

Pero el colmo de los colmos imaginables es destruir una cosa imprescindible y con esplendoroso futuro para luego ponerle una placa de bronce declarándola Patrimonio Histórico como a la Puerta de la Ciudadela. No sólo a la Playa de Maniobras de la Estación Central sino también a la propia Estación y a casi todas las demás por todo el país que, encima, constituyeron pueblos que hoy son fantasmas. Sobre la del Puerto de Colonia construyeron la sede de Prefectura como para que por ahí jamás pase nada ni nadie… Y lo han logrado porque ni los colonienses se preguntan por qué no tienen ferrocarril ni tampoco un puerto que además de pasajeros maneje cargas. ¿A las vías y a los puentes ferroviarios también les vamos a poner una placa explicatoria? Necesitarán mucho texto… Esto es impresentable en el mundo.

Con la crisis energética y climática (redundancia) los ferrocarriles están hoy en la cresta de las preocupaciones gubernamentales del mundo. Ahorra combustible, contamina menos, desahoga autopistas, carreteras, caminos, evita accidentes y costosos mantenimientos…

Alguien (el BID) inventó hace unos años para Montevideo un disparate llamado Plan Fénix (por ese entonces el BID propinó los mismos desastres a lo largo y ancho de América Latina al mismo tiempo y casi todos terminaron en estafas clamorosas). Era como consolidar el Uruguay Anodino en grave desmedro del Uruguay Productivo. Era matar al Puerto y al Ferrocarril. Erradicarlos. Infraestructurar el subdesarrollo. No carecía de una muy aviesa puntería estratégica.

Increíblemente incluía un Hotel de Cinco Estrellas (¡!) en la actual Playa de Maniobras. Justamente donde ahora se reclama porque es Patrimonio Nacional… El mamarrachesco Hotel Delirante (por eso jamás construido) parece que no afectaba.

Increíblemente propuso la Estación Central como Centro de Espectáculos (este sabotaje estratégico fue además propio de una República Bananera porque el canje chabacano fue de peor índole que el de oro por espejitos).

Construyeron en medio de las vías férreas y casi sobre los muelles del Puerto, el vidrioso Monumento a la Estupidez (según lo bautizara Jorge Batlle) infraestructurando con más de ciento veinte millones de dólares despilfarrados la Torre de Antel (con Sala de Espectáculos y todo) como candado definitivo sobre el Puerto y el Ferrocarril. El citado ex Presidente le quería pegar un cañonazo pero nosotros, como a cosa molesta, lo columbramos como futura gran Torre de Oficinas Portuarias públicas y privadas en un Puerto que será de los más importantes de América del Sur.

Porque desde que el Rey de España lo mandó hacer, otros Imperios a veces coaligados con poderosos intereses regionales, le han dado garrotazos sin solución de continuidad. Sin embargo, por ser tan bueno, no lo pudieron destruir ni frenar. Es marca de identidad porque molesta mucho. Basta con mirar un mapa (y «verlo») para darse cuenta de por qué esos esfuerzos fueron y son en vano.

En los últimos tiempos la primera puñalada trapera de su demolición la dio el vendepatria «gobierno cívico militar» cuando le encajó por el medio (como quien dice en el corazón) esa hormigonada autopista de los «Accesos» que transformó la vieja Rambla Baltasar Brum en uno de los ingresos al Centro montevideano. Ahora, los camiones que vienen y van desde y hacia distantes confines compiten a duras penas con automóviles y «cebras» peatonales en lo que otrora era parte del Puerto y hoy debiera ser parte de su expansión. Una desapercibida y muy tímida vía (que se usa de noche para no molestar) entra subrepticia, a hurtadillas, en el Puerto. Parece un chiste. Es también descabellado pensar en un puente o algo por el estilo. En el mejor de los casos esa autopista desde la cancha de Fénix (donde ya está el «puente» bajo el que entró siempre el ferrocarril al Puerto) debería ingresar al Centro por la calle Paraguay. De ninguna manera por entre los contenedores que por bendita suerte desbordan alambrados. Y los desbordarán mucho más.

Porque una de dos: o somos Uruguay Productivo y por lo tanto necesitamos un Puerto o somos la Gran Pavada del Sur (incluso de izquierda porque la estupidez es compatible con todas las demás enfermedades). Podemos también estar, y poner, cosas desubicadas como un chancho en la vía. El problema no es entre la cultura y el Puerto: es entre el chancho y la vía. El Puerto, por ejemplo, necesita con urgencia tener a su vera centros científicos, tecnológicos y formativos inherentes (además de teatros cercanos y estudios jurídicos en resma).

Se han dicho injusticias que delatan ignorancia: el Puerto tiene su Plan Maestro desde hace muchos años. Algo realmente insólito en Uruguay. Lo hizo un Gobierno de «color» distinto al nuestro pero, aunque parezca mentira, es bueno. Y si fuera malo igual sería útil para el país porque por lo menos tendríamos un Plan para pensar, criticar, corregir, mejorar o derogar. Lo otro es el caos debidamente organizado propio de toda burocracia. Propicio para toda maldad y para la infaltable frivolidad siempre cómplice.

En cualquier Uruguay que lo siga siendo habrá en Montevideo un Puerto expansionado hacia el mar y hacia la tierra; sus depósitos, servicios, oficinas y centros científicos ocuparán mucho espacio. Los cruceros y Buquebús deberán ir a otro Puerto (de pasajeros) también en Montevideo. La Armada debe salir de donde está porque esos muelles, depósitos y edificios los necesita el país para su producción y comercio. Necesitamos más espacio para silos porque pronto y por suerte los granos no saldrán sólo por Nueva Palmira sino que también bajarán hacia Montevideo que también será la base pesquera del Atlántico Sur y para ello la zona de Capurro se verá conmocionada por la futura gran terminal. La industria naval altamente consumidora de mano de obra especializada con astilleros de variado porte y demás actividades subsidiarias cobrará mayor actividad también sobre Capurro. Sería exagerado, en esta reseña, indicar el espacio y actividad de todo tipo que la Industria Logística y Naval necesita y necesitará si continúa con sus actuales tasas de crecimiento.

El «cluster» más evidente, manifiesto y prometedor de Montevideo es el portuario (sin olvidar sus terminales aéreas concomitantes). Guarda estrecha relación con todas las actividades productivas del país que por lo general hacen ruido y huelen mal. A sudor por ejemplo.

|*| Escritor, senador de la República.

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