Mecanos
Anoche tuve un sueño. Veía piezas de mecano de diversos tamaños y colores. Frente a ellas, caminando alrededor, hombres también diversos explicándolas. Pero ninguno hablaba de cómo sería su modelo completo.
Fue un sueño raro. A la mañana, después del mate, comprendí que esa imagen me había sido inducida por el comportamiento que observo en los candidatos a las internas, ya en campaña. Hablan de cuestiones aisladas, muy importantes algunas, apenas considerables otras, y no de un proyecto integral. No del mecano armado.
Si pienso en el ciudadano común dejo aparte al militante dogmático del partido que sea, es un problema considerable. El tiempo discurre rápidamente y el riesgo radica en que no llegue a entender qué quiere hacer cada uno; así las cosas, el voto probablemente sería decidido por pura emoción, por hábito o por las dudas.
Es como si los candidatos se hubiesen decidido por tomar un asunto hoy y otro mañana, sin integrarlos a un todo aunque dándole a cada uno el porte de esencial. Umberto Eco tiene una frase acerca de esta forma de separar lo que debería estar unido que tal vez aclare mi pobre modo de expresión: «Estamos en vías de vivir la tragedia de los conocimientos separados: cuanto más los separamos, tanto más fácil es someter la ciencia a los cálculos del poder político». Sustituyamos las palabras «conocimientos» y «ciencia» por el vocablo «programas» y el enunciado «proyecto de país», y el asunto cae, diáfano y peligroso, ante nosotros.
Alguien dirá que todavía es pronto para exponer programas definitivos; o sea una idea precisa de nación, descrita por planes e instrumentos verosímiles. Puede ser. Pero eso no me tranquiliza.
Y ahora que vuelvo a pensar en el sueño de anoche, advierto que esta fragmentación excesiva que se nos muestra puede causar adicción, acostumbramiento.
Ahora bien, ¿qué pasa si al despertar pasado el sueño y emitido el voto nos vemos frente a lo que jamás hubiésemos esperado?
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