Plan Ceibal
No sé si la culpable es la burocracia, a la que se endilga todos los desastres salvo la sequía.
Tampoco sé si la culpa podría ser de esa voluntariedad política, llena de buenas intenciones, que suele desdibujar algunas ideas muy valiosas.
La cuestión es que un informe de la Universidad de la República ha advertido ciertas dificultades en el desarrollo del Plan Ceibal: «Preocupación por el uso de computadoras que las familias no aprueban o ven con recelo» por el acceso a eventuales contenidos inadecuados; necesidad de «mejorar la preparación para el uso y cuidado de las computadoras»; y «desconocimiento de los padres de cómo ayudar a sus hijos», manifestaciones de «desinterés» y el descorazonador promedio de un diez por ciento de progenitores que participan por escuela.
Esto me resulta sorprendente. Sin embargo, no alcanza a causarme la perplejidad de unas declaraciones de Héctor Florit, consejero de la ANEP: «Como el objetivo no es incluir todo el programa de Primaria» detallecito que el ciudadano común supongo ignora se comenzó a discutir la posibilidad del apoyo de la Dirección de Formación Docente para que «los contenidos educativos del portal tengan una base epistemológica firme».
Esto es poner la carreta delante de los bueyes. ¿Cómo es posible que un extraordinario esfuerzo volcado a la enseñanza escolar, en rodaje desde hace meses, carezca aún de una doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento a proporcionar? Porque, aprovecho a decirlo, eso es la epistemología. ¿Recién se van a plantear semejante cosa esencial?
Ahora comprendo qué preocupaba a un legislador cuando dijo: «El Plan Ceibal es una formidable herramienta, pero todavía no es un programa».
Sería una barbaridad comprometerlo, con las computadoras ya en manos de niños y maestros, porque alguien se apuró o se le olvidó pensar en qué debe ser resuelto primero y qué viene después.
Aquí sí, el orden de los factores altera el producto.
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