Cuarta opción
Dos hombres de mediana edad conversan en un banco de la plaza Libertad.
Mire dice uno, calvo, a un par de gramos de la obesidad, creo que al Frente hay que buscarle una cuarta opción.
¿Le parece? pregunta con escepticismo el otro, peinado con raya al medio y al que le quedan tres cuotas para la delgadez extrema.
Sí se anima el gordo. Se entreveró tanto la cosa que… Además, ¿notó usted que sólo se habla de hombres?
¿Y qué tiene que ver? el flaco se desconcierta.
¡Querido! Lea, infórmese… remacha el gordo. Este ya es el mundo de las mujeres. Son más inteligentes, sensibles, persistentes y, además, ¿quién lo duda?, tienen la sartén por el mango.
¿Le parece?
¡Claro! Si hay cerrajeras, pitonisas, guardas de ómnibus…, hasta periodistas hay. Lo sentí como una revelación. ¡Una fórmula femenina! Se acaba la guarangada y hablamos en serio.
Caramba…
¿Sabe qué me inspiró? el gordo goza. Un libro de la antropóloga Helen Fisher: «Con el poder cada vez mayor de la mujer, la sexualidad femenina emergente, no veo razón alguna para que no seamos felices». ¿Mujica, Astori, Carámbula y los otros rompe cocos nos garantizan esa felicidad?
El flaco dudó: Pero, ¿tan así…? ¿Y tenemos candidatas?
¡¿Cómo?! Daisy a la presidencia. ¿Se imagina? Esa polenta, esa audacia, ese humor, esa majestuosidad para desfilar todos los días a caballo, mojada o seca. María Julia de vice ¿La capta alegrándonos con el tamboril o bailando arriba de las mesas? Y en la Cancillería, Margarita Percovich. ¿Notó su toque de dama renacentista, peinada para que no se le vuele el cabello ni en Bagdad?
De pronto, el flaco, confundido, nota que el gordo baja la vista y queda absorto.
¿Qué pasa?
Bue’… Hay otra mujer, militante de las buenas, con grandes valores para hacer feliz a los demás… ¡Si no se suma a esta opción es un desperdicio! Hay tanto que podría hacer en un gobierno de la felicidad…
¿Quién?
Silvana Charlone. Ya se me va a ocurrir algo.
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