CRIMENES LIGHT
El pluralismo de opinión que puede hallarse en este diario lo he visto fuertemente cuestionado en ocasiones por lectores en la sección «llamadas al director». No comparto esas críticas. Por el contrario creo que fortalecen la estructuración de una opinión pública avisada, reflexiva y atenta. También permiten una profundización del debate cuando encuentra continuidad en los sucesivos y variados contrapuntos, aunque no sean los mismos autores quienes confronten sus puntos de vista. De algún modo la polémica reverbera en la sucesión de contribuciones posteriores y la inficiona aún si no es aludida. Tampoco diluyen la clara orientación editorial del medio, sino que la fortalecen al abrir sus páginas a la discusión y someter los argumentos a examen público.
Supongo que con este encomiable espíritu plural fue decidida la publicación, en la sección editorial del pasado viernes, de la columna del analista israelí Ben-Dror Yemini, cuyas conclusiones, a diferencia de una parte de sus argumentos empíricos, me sumieron en el estupor, primero, y en una gran decepción por el compromiso de toda labor intelectual, luego. Como no puedo presuponer que el lector dominical esté al corriente de la nota de marras, luego de exponer la construcción silogística de su tesis es decir de poner en términos de lógica formal el andamiaje ideológico-justificatorio de la masacre en curso citaré algunos de sus más jugosos párrafos laudatorios. Sintéticamente, la inferencia deductiva es la siguiente:
Premisa 1: Dado que el movimiento Hamas es una organización terrorista aún más cruenta y peligrosa que Al Qaeda (o los talibán) expresando el expansionismo armado del islam fanático que quiere matar a todos los judíos (a diferencia de los talibán que no quieren matar a todos los europeos);
Premisa 2: y «Europa» se la pasa matando algunos terroristas pero sobre todo muchos más civiles que Israel aunque no esté amenazada directamente por los primeros, en una guerra «justa» en virtud del carácter del enemigo señalado en la premisa 1.
Conclusión: Ergo, Israel debe continuar y avanzar en la lucha «defensiva» y «antiterrorista» que está emprendiendo de forma mucho más precisa y económica (en materia de víctimas civiles) que los europeos y no sólo eso, sino que espera que sea con el apoyo de Europa o, al menos, sin la hipocresía de condenarlos por hacer exactamente lo mismo.
Comencemos con la premisa 1 a través de sus citas, aunque resulten algo extensas. «Conquistaremos Roma y después toda Europa. Cuando acabemos con Europa, conquistaremos las Américas y no nos olvidaremos, tampoco, de la Europa oriental. Este orador sediento de territorios prosiguió diciendo que había que aniquilar a todos los judíos. Suena como Hitler, recuerda a Hitler, pero esas palabras las dijo el doctor Yunis al-Astal, diputado del Hamas en el parlamento palestino».
Encontraremos muchas más evidencias aún de pretensión etnocida y expansionista, combinadas con amenazas y prácticas de abominable terrorismo, por ejemplo, en los discursos de Osama Bin Laden difundidos por Al Qaeda denunciando al «occidente infiel», o en la retórica talibán. También, aunque no necesariamente con componentes expansionistas y etnocidas, en las prácticas no tan lejanas del IRA irlandés o de la actual ETA en España, las que no pueden merecer otra respuesta que la más enérgica condena y la mayor movilización social en su contra. Ya nos hemos referido críticamente, por diversos medios, y sin ir más lejos, en la contratapa del domingo pasado, a las actividades criminales del lanzamiento de aviones comerciales contra las torres gemelas o la cohetería artesanal del movimiento Hamas. No hay justificación posible para cegar la vida de nadie. Ni una, ni pocas, ni muchas. El terrorismo y el genocidio son prácticas abominables. Luego, la premisa 1 es, a grandes rasgos, fácticamente correcta pero lo es esencialmente, si, ya despersonalizada, se inscribe valorativamente como prácticas criminales dentro de un principio universal.
Pero vayamos a la segunda premisa. Sostiene el autor que «los refugiados creían estar a salvo, pero se equivocaron. El ataque aéreo no los pasó por alto. Murieron más de 100. Esta no es la trágica historia del bombardeo de una escuela en Gaza, sino del bombardeo de Korisa en la ex Yugoslavia. El ataque fue perpetrado por aviones de la OTAN. Eso ocurrió hace menos de diez años, el 13 de mayo de 1999. No es todo: el 12 de abril, aviones de la OTAN mataron, accidentalmente por supuesto, a doce civiles; el 14 de abril mataron a 70 refugiados (…)»Fue un error, lo lamentamos», respondió cada vez el portavoz de la OTAN».
La segunda premisa es también fácticamente correcta, y hasta aquí, todavía, podría tenerse la impresión de que la profusión de datos escalofriantes e inenarrables tuviera una pretensión condenatoria. Pero a poco de seguir se aclara que «(…) Eso es lo que sucede en una guerra. Es triste, es lamentable, pero los europeos bien harían en mirar atrás, no a un pasado ya lejano, al bombardeo de Dresden, sino al más reciente, antes de apuntar un dedo acusador hacia Israel, porque Israel no ha alcanzado ni alcanzará ni la centésima parte del número de inocentes muertos en guerras justas de las democracias europeas». Es decir que carece de cualquier otra dimensión valorativa que no sea la naturalización de la práctica. Entre la premisa 1 y la 2 la única coincidencia es que en ambos casos hay matanzas. Pero desde el punto de vista valorativo, en un caso son monstruosas y en el otro «lamentables», aunque inevitables. No conozco estado terrorista que no haya utilizado este argumento, que sintéticamente se compone así: hay una guerra (contra la subversión, por ejemplo) y además de la crueldad del enemigo, tendremos que lamentar algunos efectos secundarios para lograr la paz y se espera que se nos apoye en esta lucha.
Además desconozco la actitud cívica e intelectual que haya adoptado Ben-Dror Yemini ante estos hechos aberrantes por entonces. Sólo deduzco que, amparado en el bálsamo ideológico de la ineluctable «colateralidad», habrá alzado los hombros en gesto resignado y complaciente. Inversamente, recuerdo muy bien la propia, que consistió en escribir, como lo hago hoy aquí, varios artículos condenando la matanza en la ex Yugoslavia, redactando y publicando una carta abierta en mi página «www.hipersociologia.org.ar» (en épocas en que no había blogs ni era fácil el acceso a Internet) que concitó la firma de cientos de intelectuales del mundo entero, además de participar en cuanta movilización se hiciera en Buenos Aires. En el nivel más extremo, la cuestión que divide a un intelectual de un ideólogo de estado es su posición ante la miseria, la mortificación o la muerte.
«¿Ha cambiado Europa? sostiene el autor en una cita de un informe del Secretario General de la ONU «En 2008 la situación se agravó y el número de muertos aumentó en muchos millares. De hecho, los ejércitos europeos están matando civiles cada semana, alegando que, en la pugna contra los talibanes, es inevitable. Los talibanes no han disparado cohetes contra ninguna ciudad europea, en tanto que el Hamas sí los dispara contra Israel. (…) ¿Por qué, entonces, pueden permitirse los europeos llevar a cabo una guerra en una tierra que dista miles de kilómetros de sus hogares, matando cientos o miles de civiles inocentes y proclamando al mismo tiempo que su causa es justa, pero Israel no puede hacerlo? ¿Qué hipocresía es ésta? (…) Y con todo, ustedes los europeos ¿quieren darnos lecciones sobre ética bélica y «respuesta proporcionada»? ¿Hablan en serio?».
Pareciera claro ya que no se trata de condenar ni a la OTAN en Kosovo, ni en Afganistán, ni en Irak. Siquiera justificar la masacre israelí, sino exaltarla por su carácter vecinal, acotado y hasta humanitario. Pero sí de omitir a los EEUU (país que ni una sola vez es mencionado en el trabajo) que no sólo integra la OTAN sino que es su columna vertebral y principal an
imador, quizás por su irrestricto apoyo al terrorismo de estado israelí ¿Será por este énfasis en Afganistán que Obama justificó en su campaña electoral la necesidad de una retirada de Irak (que por otra parte dificulto que cumpla, al menos en lo inmediato) no para abandonar el intervencionismo de ultramar sino para concentrarse contra los talibanes y Al Qaeda?
Para nuestro polemista, Israel no sólo hace lo que cualquier país civilizado en el resto del mundo, sino que lo hace mejor. ¿Se conmovería si leyera el artículo de Niko Schvarz de ayer retomando las descripciones del médico holandés que trabajó en Gaza intentando salvar vidas? Las premisas 1 y 2 pretenden complementarse sólo en la miseria burocrática del asiento contable, sin reparar que resultan mutuamente tautológicas y llevan a la tan simple como falaz conclusión de que, si unos monstruos occidentales pueden hacerlo, por qué no sus buenos aliados?
Será necesario reinterrogarse hasta dónde un libelo ensangrentado como el que comentamos se inscribe dentro del llamado trabajo intelectual. Pero a la vez, acerca de si la remisión aún parcial de la barbarie encuentra alguna salida. En ausencia de más espacio, si la pregunta fuera pertinente, tal vez un atisbo de respuesta pueda ensayarse el domingo que viene.
|*| Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.
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