Atreverse
Bertrand Russell decía que «el sentimiento determina los fines que perseguiremos», con lo cual advertía que la educación no es una cuestión meramente técnica: hay que dotarla de una pedagogía para un tipo de individuo y de comunidad acerca de cuya formación haya consenso.
Otra cita, ésta de Sábato, va en la misma dirección: «Hay que educar pensando qué queremos de un pueblo, si guerreros o humanistas, si verdugos o seres respetuosos de sus semejantes».
Pondré un ejemplo elemental. En la escuela, el sistema de notas desarrolla en los niños un sentimiento de competencia. El éxito personal es más que el conocimiento en sí mismo; la superioridad sobre el otro es más que el disfrute y aprovechamiento social de lo que se aprende.
Si el sistema de notas alienta el individualismo, ¿es posible sustituirlo? No estoy seguro, como tampoco sé si preocupó y a cuántos durante el reciente debate nacional sobre la educación.
Habría que atreverse a pensarlo.
Otra cosa para mí incómoda, porque se habla poco de ella, son los programas. Pondré otro ejemplo sencillo: Colonia tiene el menor índice de repetición escolar del país; no es casual que allí haya destacado sobre todo la tarea de los maestros comunitarios, quienes, porque ejercen en contextos críticos y complejos, probablemente se ven obligados a flexibilizar los métodos pedagógicos. Es obvio que esto lleva a romper el corsé del programa intocable.
Habría que atreverse a ahondar en esa experiencia.
Finalmente, y siempre preocupado por la rígida vejez de lo establecido, ¿qué y cómo hay que enseñar en la escuela para que sirva de vínculo progresivo y edificante con el liceo y la educación técnica? Un ejemplo más: el Plan Ceibal puso encima del banco escolar una extraordinaria herramienta antes de definir, con precisión y diseño de futuro, un programa específico y conectado a los ámbitos educativos siguientes.
También habría que atreverse a repensar lo hecho, para enriquecerlo.
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