¿Qué educación?
Al analizar los desafíos para el próximo gobierno, el vicepresidente Nin Novoa habló de esforzarse por «interrumpir el círculo de reproducción de la pobreza», para lo cual «uno de los elementos clave es la educación».
¿Qué educación?
Sus palabras que no se agotaron en esa idea dejaron en mi ánimo dos preocupaciones grandes.
La primera tiene que ver con cierta indefinición que percibo en las autoridades al hablar de educación, pese a haber sido aprobada la nueva legislación en la materia. Hay unos enunciados y hay unas referencias a la nueva organización, expansiva, de tal educación; pero sigue sin haber la mínima referencia a los programas. Y, ya se sabe, depende más de estos que de autonomías y gobiernos compartidos la suerte de los sujetos del acto pedagógico: niños, adolescentes, jóvenes.
El Plan Ceibal, por ejemplo, es una herramienta formidable para la enseñanza; pero todavía no es un programa.
Una vez más parafraseo a Sábato: «Se comete un grave error cuando se quiere reformar la educación como si se tratase de un problema meramente técnico, y no el resultado de la concepción del hombre que sirve de fundamento (…) de esos presupuestos que la sociedad tiene acerca de su realidad y su destino y que, de un modo u otro, definen una manera de vivir (…) y señalan qué es lo que se quiere de un pueblo y con qué fines hay que educar».
La segunda preocupación refiere a otro aserto del vicepresidente: «En los asentamientos no debería haber escuelas porque es una forma de reproducción de la pobreza».
Vaya afirmación.
¿Acaso prefiere convertir a esos sitios que llegaron para quedarse un tiempo largo en unos guetos?
Es exactamente al revés, y espero que lo entienda.
Su idea podría dar sitio a la ironía, al decir yo y aclaro que no creo en Dios ni en cosas parecidas que la instalación de un templo cualquiera en un asentamiento, que alguno ya lo hay, sólo ayudará a multiplicar los males allí existentes.
Raro ¿no?
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