Debates
Qué bueno que haya dirigentes políticos dispuestos a exponerse para instar a la ciudadanía al debate de cuestiones esenciales al futuro de la sociedad.
Escribo «exponerse» porque es eso: salir al descampado con ideas que a nadie dejan indiferente y exacerban a los fanáticos.
Es lo que ha hecho el senador Fernández Huidobro, al encarar con su estilo frontal el problema de la violencia y la inseguridad, contradiciendo a la ministra Tourné sobre el uso de armas por particulares.
El país ha cambiado. No sólo hay más delincuencia, sino diferente: más joven, llena de rabia y desprecio por los demás y multiplicada a diario por el campo que se le hace orégano, el contexto donde nace, la emulación o el deterioro progresivo de valores que fueron tradicionales entre nosotros.
Me es imposible ir a los detalles. Una cosa es el poder de síntesis y otra hacer la del jíbaro, reduciendo, ya que no cabezas, complejos argumentos que requieren más espacio.
Pero celebro que alguien haya abierto la puerta y dado un grito de alerta. Está en todos ahora en la clase política, en la academia, en las organizaciones sociales- aceptar el desafío de crear una corriente durable y densa de pensamiento constructivo.
Sí digo que no creo que haya una política de Estado en seguridad. Ha habido buenas intenciones, expuestas de modo diferente según quién haya sido o sea el responsable: José Díaz lo hizo a su talante y Daisy Tourné lo está haciendo al suyo.
Según Fernández Huidobro, y coincido, si se habla de inseguridad es inexorable hablar de represión.
La palabra represión, tanto como admitir que la gente común se arme, causa una incomodidad grande en la izquierda, que introduce a unos cuantos en una contradicción; esa incomodidad y esa contradicción no nacieron hoy, son históricas. Hay que exorcizarlas y luego dar el debate propuesto sin prejuicios.
Quizás entonces habremos hallado el inicio, apenas, del camino que conduzca a la reconstrucción.
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