A RODNEY ARISMENDI
Al cumplirse el 95 aniversario de su nacimiento, y en momentos de recordar la figura y la trayectoria del compañero Rodney Arismendi y su aporte en la consolidación de la unidad de la izquierda en nuestro país, es imposible dejar de destacar la vigencia y la presencia intelectual de su pensamiento político en la construcción de este tiempo actual.
«Muchas veces hemos dicho según una concepción íntegra y coherente de la revolución uruguaya que la tarea central en el proceso de liberar nuestra patria del dominio de la oligarquía y el imperialismo era y es la unidad del pueblo.
Que esa unidad adquiere en cada país sus formas singulares y características, según sus tradiciones políticas y sociales y según el cuadro concreto de enfrentamiento y acciones que la clase obrera y el pueblo todo deberán librar.
Y también hemos repetido que era menester descubrir y ampliar los más amplios caminos que nos conduzcan a una aproximación de esa revolución liberadora; que no somos la fuerza exclusiva de la revolución uruguaya, y que para llegar a ésta debemos caminar juntas las fuerzas sociales y políticas que sean capaces de cumplir esa ineludible tarea histórica de nuestro pueblo». (Rodney Arismendi, febrero de 1971).
Hace exactamente cuatro años el pueblo uruguayo comenzaba a escribir una nueva y trascendente página en la historia del país.
La estrategia de la unidad popular para los cambios – que comenzó a gestarse a mediados del siglo pasado y a la que tanto aportaron Rodney Arismendi y un conjunto importante de compatriotas – daba sus frutos y el Frente Amplio, impulsado por la gente, llegaba al gobierno del país, poniendo fin a 170 largos años de partidos y políticas tradicionales.
«Consideramos que el Frente Amplio es la avanzada que abre el paso a las grandes tareas que debe abordar el pueblo en nuestro país y nos integramos a él con la alegría de haber contribuido a la formación de esta alternativa de poder, tanto en la lucha unificadora de la clase obrera y el pueblo, como en el esfuerzo por la creación de una conciencia de fraternidad entre los grupos políticos que, pese a las diferencias de sus concepciones filosóficas y otras, podían y pueden coincidir en la tarea histórica de librar al pueblo de la oligarquía y el imperialismo y abrir paso a la construcción de un nuevo Uruguay».
He ahí en palabras del propio Arismendi, la estrategia que cuajaba en el Frente Amplio aquel lejano febrero de 1971, un largo camino de acumulación de fuerzas del movimiento popular; he ahí precisada, asimismo, la línea, el hilo conductor del posterior proceso de constante crecimiento del proyecto progresista que le ha permitido superar todos los obstáculos conque la derecha conservadora pretendió detener su avance incontenible, y que hace posible su histórico ascenso al gobierno de la nación, aquel 31 de octubre de 2004 que evocamos: la estrategia de la unidad concertada, la estrategia del consenso racional y voluntariamente acordado en la perspectiva de una finalidad superior.
Forjada en el yunque de la utopía solidaria y fraterna, conquistadora de la calle y de los muros del pueblo, militante, heroica de la revolución de las ideas; sobreviviente del cóndor sin fronteras, vencedora del dolor, del exilio y de la muerte; guardiana de la pacificación y del amor; custodia del legado artiguista, los frenteamplistas la descubrimos en su esencia, aprehendimos su espíritu y comprendimos que, más que una herramienta, más que un elemento para la acción política, la unidad constituye un valor en sí misma, un principio sin el cual es imposible levantar el proyecto social y colectivo razón de nuestro empeño.
Unidad como síntesis superior de nuestras coincidencias. Pero fundamentalmente, unidad afirmada en la vocación común de superación de nuestras diferencias, expresada en la administración responsable, consciente y leal de las mismas.
Unidad que no se agota ni se confunde en la válida, por supuesto, pero insuficiente aceptación de circunstanciales expresiones porcentuales de simpatías, sino que abreva en la fuente calificada del consenso, de la amplitud, de la generosidad y del mutuo respeto que se construye a partir del diálogo fraterno.
Los frenteamplistas creemos en la unidad. Nuestra génesis se asienta en ese fundamento que aprendimos a regar primorosamente en cada una de nuestras acciones, sabedores de que constituye el basamento de nuestro proyecto. Porque, ¿qué otra cosa es la felicidad colectiva, sino la administración en clave de equidad social de nuestras diferencias?
Los frenteamplistas somos constructores de la unidad. Trabajamos por y para ella. ¡Y ningún frenteamplista es ajeno a esta tarea que es de todos!
Hoy, cuando el país se apresta a asumir una nueva contienda electoral, más que nunca debemos reafirmarnos en esta estrategia unitaria que, conjuntamente con otros destacados próceres de nuestra izquierda, pero con un particular fervor militante, lucidez política y rigor científico, impulsara Arismendi, conscientes de que es la garantía para la continuidad del proceso de «aproximación de esa revolución liberadora» a que aludía en el acápite.
Es cuestión entonces de consustanciarnos más que nunca en nuestra vocación de fuerza política unitaria, que encuentra en el respeto de nuestras diferencias, en la lealtad fraterna entre quienes no pensamos de manera idéntica, la fundamentación de una síntesis equilibrada que es patrimonio exclusivo y señal de identidad que nos posibilita proyectarnos hacia un destino común, hacia un futuro de justicia y bienestar colectivo.
Porque en nuestras raíces históricas se encuentra nuestra fortaleza. En nuestro compromiso, en nuestra amplitud, en nuestra fidelidad con el proyecto, en nuestra ausencia de egoísmos, en nuestro respeto y cariño – ¡sí, cariño fraterno y profundo! por todos los compañeros. En nuestra confianza hacia todos ellos. ¡Y fundamentalmente en nuestra unidad, en ese puño capaz de derrumbar todos los muros que se interpongan en el camino hacia la felicidad colectiva!
«Por todo ello, el triunfo del pueblo, que siempre ha sido obra combativa del pueblo unido, debe subrayar la amplitud, la ausencia de sectarismo, la fraternidad militante que caracteriza al Frente que precisamente se autodefinió en el nombre de Amplio».
Fraternalmente,
Montevideo, noviembre de 2008.
|*| Subsecretaria de Turismo y Deporte
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