La prevención
Ayer reflexioné acerca de la violencia en el fútbol, recordando una idea que postulé en 1990 y que recibió tanta atención como el libro de Burali Forti «Una questione sui numeri transfiniti», que define al número uno con tres letras griegas y numerosos paréntesis y corchetes.
Iba a seguir ahora, cual buen masoquista que soy, pero oí las declaraciones del jefe de Policía, aprobando categóricamente el operativo de seguridad desarrollado el domingo pasado.
Sorprendente, dicho con respeto humano y profesional.
Cualquiera que conozca los principales peligros en circunstancias como las vividas, y él adujo que lleva diez años en estos menesteres, sabe que la clave es la prevención: anticipar el riesgo para evitar consecuencias indeseadas.
Toda la prevención, no una parte.
Desde que una comunidad antigua inventó algo después llamado fútbol en ese entonces se trataba de multitudes que corrían, golpeándose y pateando una calavera se sabe que las tribunas donde se concentran los fundamentalistas deben ser vigiladas; frente a ellas, durante la mayor parte del partido, no hubo un solo policía. Era tan chico el agujero del alambrado por donde comenzaron a introducirse a la cancha los desquiciados, que semejó la invasión de unas tortugas; constatada la rotura, muy visible, hubiese bastado enviar a tres agentes para que se evitara lo que luego pasó. Esa acción no habría comprometido la necesidad, posterior, de cubrir el túnel, los vestuarios y la salida de la gente del estadio.
Hubo una omisión. No se justifica, ni siquiera aunque se diga que había menos personal del necesario. Es así, le guste, y lo entienda o no, al señor Jefe de Policía.
Una parte de sus declaraciones me indujeron a la compasión: está cansado de hablar y de que los dirigentes, hoy señalados como los responsables mayores, no cumplan su palabra.
Para él va, con afecto, una reflexión de boliche: no se puede patear todo para afuera y quedar hecho un duque.
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