"EL PEPE ESE"
El sábado pasado, antes de enviar la habitual contratapa dominical, me preguntaba si la expresión «conmoción política» con la que pretendía reflejar la «oficialización» del movimiento reeleccionista ante las firmas ministeriales y legislativas, no resultaba una exageración motivada por la indisimulable distancia propia con el clima militante cotidiano. Se trató por entonces de una simple sospecha, ya que los titulares de la prensa no parecían reflejar mayores sacudones ni enconadas controversias, como sí lo hacen en esta semana, para la algarabía de los diarios El País, El Observador y es de sospechar que- todo el arco conservador del país.
El disparador del estado actual de polémica y no menor desconcierto -independientemente de algunas posibles opiniones que pudieran formularse desde los medios- es la inauguración de un insólito y novedoso dispositivo de comunicación intrafrentista cuya denominación presidencial es «pps». Quiso el azar de la historia que coincidieran las siglas invocadas con la extensión del formato de archivos desarrollado por Microsoft para la elaboración de presentaciones gráficas con las que se distribuyen la casi totalidad de los chistes y boutades que circulan en las cadenas de correo electrónico, atiborrándonos. Una y otra forma de pps, excluye la interacción comunicativa directa entre emisores y destinatarios. En ambos habrá una mediación tecnológica. Los pps presidenciales se transmiten por TV y los basados en el formato de Bill Gates, por Internet. Los segundos son más simples ya que -salvo excepciones- siempre se entienden, mientras los primeros requieren necesariamente de exegetas, que luego podrían ser corregidos a través de chasquis. Será muy difícil encontrarle antecedentes a esta sorprendente invención política.
Pero mucho antes que en las posibles desembocaduras prácticas de los acomodamientos presentes, es en la diversidad, los modos, la extensión en el tiempo y los matices de los debates políticos donde se define el nivel de involucramiento colectivo y calidad de los mismos. Todas las recientes discusiones, tanto las subrepticias sobre candidaturas, como las más enjundiosas y largamente trajinadas -por ejemplo el debate del miércoles en la cámara de diputados- parecen traer a colación y poner en permanente tensión la pertinencia de varios institutos constitucionales. Al menos cuatro de ellos están puestos hoy sobre el tapete cada vez que se dispara una querella:
1) El veto presidencial.
2) El referéndum y sus mecanismos.
3) La imposibilidad de reelección.
4) Las elecciones internas.
El espacio sólo permitirá abordar exclusivamente el primero, esperando volver sobre los siguientes en otra oportunidad.
El reciente debate y ajustada aprobación de la ley de salud sexual y reproductiva es precisamente el mejor ejemplo de decantación y elaboración de una discusión que excedió largamente la esfera parlamentaria ya que obviamente sus orígenes e iniciativas se remiten inclusive a mucho antes del inicio de la gestión frentista. Por supuesto que es sumamente importante que la ley pueda efectivizarse, pero también lo es que en la agenda pública se hayan ido incorporando con tiempo y suficiente elaboración los dis-cursos sobre la se-xualidad, la opresión de la mu-jer y las sumisiones patriarcales, las concepciones sobre la fami-lia, la división sexual del trabajo, entre varios otros que exceden el mero asunto de la despenalización del aborto.
Hay una compleja y rica articulación entre actores políticos que intervienen en la construcción del imaginario en cualquiera de sus posibles direcciones con un sinnúmero de sujetos socia-les que espontáneamente vivencian y confrontan tanto con los discursos otrora domi-nantes como con los cuestionadores. Es la sociedad la que se enriquece al politizar su vida cotidiana y las normas que la rigen. Claro que esto no es una consecuencia espontánea, sino que está sostenida por luchas en los más diversos órdenes de expresión. Al respecto, es ocasión de reconocer aquí que en la dirección hoy mayoritaria se contó con un pulmón comunicativo insustituible como es el suplemento feminista dominical de este diario que bregó desde su primera edición hace 20 años por los derechos sexuales y reproductivos y empoderó mediante la difusión y la potenciación de lazos al importante movimiento feminista uruguayo sobre el que se apoya este resultado.
Quien suscribe no deja de alegrarse ahora por esta «victoria» tanto como entonces se entristeció con previas «derrotas». Pero el saldo no puede medirse en un voto más o menos de representación. Así como -bien sostiene Zibechi- el triunfo de Obama puede interpretarse por una lenta transformación cultural y social en dirección al multiculturalismo y multietnicidad que expresa la derrota del racismo originario a través de este acontecimiento político, la aprobación de la ley uruguaya resulta de un largo diálogo de la sociedad, ciertamente crispado, interpelando sus experiencias concretas en dirección a desembarazarse de sus rémoras religiosas y de pasividad frente a la construcción del propio destino.
En la Argentina, inversamente, país en el que ni siquiera se ha logrado la separación formal y menos aún real de Iglesia y Estado, el debate se atenúa, se inhibe, o para decirlo en los términos de moda, se formatea en pps. La batalla moderna global por los derechos sexuales y repro-ducti-vos no con-cierne con exclusividad a las muje-res, aunque éstas sean las que la enca-becen, sino a la socie-dad civil toda. Es una causa de la antigua moderni-dad secularizadora y de la mo-derni-zación laici-zante inconclusa. En la misma dirección se sitúan las luchas de las minorías sexuales por el reconocimiento de sus derechos en plenas condiciones de igualdad.
La construcción de un estado laico no contradice la más plena libertad de culto. Contrariamente, la refuerza y alienta en su diversidad. Se trata de que cada integrante de la sociedad viva en la más plena coherencia con su fe y convicciones, sin por ello pretender imponérsela al resto. La función del Estado no puede ser la de acompañante de concepciones religiosas, cualesquiera éstas sean, sino sólo la de garante del ejercicio de su libertad irrestricta.
Señala correctamente Jorge Croce, en una columna publicada el jueves 6 de noviembre en este mismo diario, que deben establecerse prioridades para plantear una reforma constitucional. Y señala dos con las que coincido plenamente, tales como la eliminación del balotaje y del instituto del veto presidencial, aunque personalmente creo que hay varios otros institutos constitucionales que dificultan el ejercicio de una ciudadanía más plena y activa, entre ellos el de la reelección, afortunadamente hoy inexistente, aunque erigido en único punto de modificación constitucional positiva en la papeleta reformista.
El instituto del veto presidencial no hace sino reforzar el carácter noble, personalista y clerical, característicos de la ausencia de modernización y secularización regular del Estado. En tal sentido, frente a la amenaza de su implementación, con sus consecuentes lesiones cívicas, la propuesta que editorializa el diario LA REPUBLICA el viernes 7 de este mes, en sentido de aprovechar la aprobación de la ley para ratificarla mediante un referéndum, parece adecuada a la profundización de un debate y movilización ciudadana, enriquecedora para la dinámica política en general y fundamentalmente para subrayar y politizar la naturaleza retrógrada de este instituto preburgués.
Los procesos de comunicación social, donde el discurso político es una de sus formas, se componen tanto de formulaciones como de silencios, de acciones nominativas y referenciales, tanto como de omisiones. Pero difícilmente los silencios se autodenominen, particularmente si quieren ser tales, si se proponen hacer uso de su potencia política intrínseca. El del presidente Vázquez es un caso curioso. Es un silencio parlante, un silencio con nombre sustantivo,
luego adjetivado, autodenominado al fin por una sigla. Aquella que fonéticamente da lugar al título de estas líneas.
Cuando Freud desarrolló el concepto de fehlleistung o lapsus linguae en su «Psicopatología de la vida cotidiana» encontró ejemplificaciones del afloramiento de lo reprimido sobre la base de semejanzas en general aunque no exclusivamente- acústicas. La cuestión interpretativa en este caso no es menor, ya que la palabra «ese» (no la letra) del latín «ipse», es un pronombre demostrativo que, pospuesto a un nombre, le otorga en nuestra usanza lingüística un valor despectivo, tal como lo refiere inequívocamente la Real Academia Española, que no fijó aún posición sobre las candidaturas.
|*| Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.
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