VENIAS Y REBUZNOS

A pesar de no ser especialista en la materia, el «Instituto» (o como se llame) de las venias parlamentarias está generosamente diseminado en la Constitución de la República (arts. 111, 168, 187, 197, 198, 239…) como para que quien quiera opinar o informar acerca de ellas, especialmente al público, no pueda alegar ignorancia o si la muestra, quede en evidencia la mala fe o el rebuzno; una de dos.

Hay venias para designar y venias para destituir.

En muchos variados casos el Poder Ejecutivo, y a veces el Judicial, no pueden ni deben hacer cosas sin la venia parlamentaria. Sin el «visto bueno» del Parlamento.

¡Sabia prudencia humana que nos viene desde hace siglos! ¡Larga acumulación de cicatrices en la lucha por la libertad cuya historia, como se ha dicho, es la de las Asambleas!

El Poder Legislativo ­el más inerme de los tres­ controla, modera y regula de ese y de otros modos, las tentaciones autoritarias; el canto de sirenas que siempre acuna tímpanos ejecutivos y judiciales.

Para el caso que hoy tanto se comenta, nadie debe olvidar, ni tampoco hacerse el distraído, que si bien se pide la venia para que tres personas accedan a tres cargos, hay forzosamente otras tres que dejan (o las hacen dejar) esos mismos tres cargos.

El Poder Ejecutivo (siempre temible) «ejecuta» las dos cosas. Y el Parlamento debe (por mandato de la Constitución) controlarlo. Y para ello, desde remotos tiempos libertarios, se instaló, a veces a sangre y fuego, el «Instituto» de las venias (entre otros con similar fin).

Hay cosas, entonces, que el Poder Ejecutivo no puede hacer por sí solo.

Con lo que, ¡Atención!, si el Parlamento da el permiso se hace corresponsable: tanto del ascenso de un general, la destitución de un funcionario, o la Declaración de Medidas Prontas de Seguridad de duras consecuencias internas, como de la Declaración de Guerra…

Tampoco muchas altas jerarquías judiciales pueden ser nombradas sin los votos del Parlamento. Recordemos, por ejemplo, el caso de Peri Valdez, Mirtha Guianze…

¿O ya los hemos olvidado?

En estos casi ocho años de trajín parlamentario nos hemos «acostumbrado» a encarar estos asuntos como una tarea «natural» (y sistemática) del Parlamento.

Nosotros estudiamos de verdad las destituciones de funcionarios para las que se nos pide venia. Y hubo casos en los que no las votamos. No las votó el Senado. Gente humilde, sin prensa. Nadie se enteró. No fueron noticia…

Hubo casos en que no votamos venias de ascenso para ciertos militares, y hubo otros en los que pedimos al gobierno (entonces de Jorge Batlle) que «retirara» el pedido para no «manosear» (ni en reunión secreta) el nombre de personas que no íbamos a votar por inconductas en su vida privada.

Y obviamente que, en muchos casos, el Senado «juzga». Está mandatado imperiosamente por la Constitución para ello.

En los casos de juicio político y de acuerdo a esa Carta Magna, la Cámara de Representantes o las Juntas Departamentales, acusan ante el Senado y el Senado juzga.

Los constitucionalistas nos explicaron que en ese caso cada senador o senadora queda transformado (metamorfosis fantástica) en juez o jueza por lo que incluso no deben acatar disciplina partidaria alguna. Deben estar solos ante su conciencia.

Entonces es muy claro que vamos a estudiar a fondo los antecedentes de toda persona cuya venia se nos pida (somos responsables de su nombramiento) y no es lo mismo fiscal que general; la UTE que el Banco Hipotecario; Ancap que el Banco Central… ¡No es lo mismo!

Y como a nuestro juicio la crisis mundial y la nacional fueron causadas por ciertos economistas debido a sus legítimas pero nefastas y erróneas ideas, no vamos a votar, jamás, para un cargo jerárquico en un Banco como el Central a quienes por sus concepciones arriesguen hacerle muchísimo daño al país y a su pueblo. Porque además después también seremos responsables.

Se trata de cargos designados (no electivos).

Quienes estamos ocupando cargos electivos fuimos «designados» por votos constantes y sonantes. Con nuestras ideas bien conocidas y nuestros antecedentes en la vidriera. Incluso a pesar de los ataques y hasta los insultos «encajados» en duro debate público por las ideas y los antecedentes.

Entre ideas y antecedentes el pueblo eligió y en su representación (cada senador o senadora unos setenta mil votos) controlamos y controlaremos al Poder Ejecutivo y al Judicial. Como nos mandó esa gente y nos manda la Constitución.

|*| Escritor, senador  de la República.

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