LA DEROGACION DE LAS AFAP ARGENTINAS
En momentos en que la crisis mundial pone en el tapete el modelo global, revisar la reforma previsional Argentina de los noventa aporta a visualizar la contradicción entre lo especulativo y lo productivo, entre lo mercado céntrico y lo pueblo céntrico, entre la mentira y la verdad. El Consenso de Washington, el monetarismo y el ajuste estructural le dieron su marco, la Nueva Ortodoxia Previsional (NOP) justificación, el fraude comunicacional instalación.
La «inevitabilidad» del ajuste estructural llevó a implementar políticas cambiarias rígidas que garantizaran la paridad cambiaria; a ofrecer altas tasas de interés para atraer la radicación de capitales externos; a reducir la utilización de impuestos para incrementar el superávit operativo en las cuentas fiscales. Como también a disminuir «cargas sociales» y aceptar márgenes suficientes de desempleo para bajar los costos de producción y salarios menores, para una presunta «competitividad global».
La NOP partía de que el mercado era la mejor forma de asignar los ahorros, por lo que propiciaba se abandonen los regímenes públicos, sustituyéndolos por la previsión individual, centrada en el ahorro, lo que mejoraría el sistema financiero, generando tasas de interés menor. Que el eficiente mercado, decía, sustituiría el monopolio estatal por la libre competencia, todo lo que incrementaría la recaudación por aportante.
Lo cierto que nada de lo teorizado ocurrió. Transcurridos catorce años de la creación de las AFJP se verifica que aún con anterioridad a la actual crisis financiera mundial, la rentabilidad obtenida fue negativa (en los primeros seis años inferior a la de una caja de ahorros común), que el nivel de comisión confiscatorio- disminuye la jubilación, ya que detrae los fondos a capitalizar, lo que hizo en niveles de hasta un 50% de los aportes.
Su lógica propicia niveles asistenciales de jubilación, pero a cargo del Estado. En Argentina se verifica que mientras recaudan el 80% de los recursos previsionales las AFJP solo pagan una prestación denominada «JO» (jubilación ordinaria) que no supera el 23% del haber total de cada pasivo a su cargo, el resto (77%) lo paga el estado, lo que no encuentra justificación alguna, siquiera en el pretendido mercado de capitales que prometía y nunca logró crear, ni en la disminución de la tasa de interés local que tampoco concretó.
El monopolio estatal que cuestionaba fue sustituido por el oligopolio de pocas y concentradas administradoras privadas. En tanto la razón aportante beneficiario cayó como en el sistema de reparto, acreditando igual nivel de ineficiencia que la cuestionada a lo público.
Desde el inicio del sistema de capitalización individual, los afiliados transfirieron a las AFJP 36.900 millones de dólares los que producto de su inversión arrojan una pérdida del 19%, a valor nominal y del 58% a valores de mercado. El Estado, producto de la creación de estos fondos de pensión, para financiarse, incrementó en un 74% la deuda externa (100.000 millones de pesos convertibles o dólares)
En suma y buen romance se trató lisa y llanamente de un saqueo, originado por políticas que, como ha dicho Joseph Stiglitz , «el FMI ha alentado en los países en vías de desarrollo… que se han desechado en los países desarrollados, por ejemplo, privatizar las pensiones….», pero que fundamentalmente cuentan con la responsabilidad propia.
El ineludible fin del asalto a los recursos sociales y al futuro de nuestro pueblo abre el camino para, desde los valores, repensar y rediscutir las políticas de seguridad social y dentro de ellas el capítulo de la previsión social.
El sistema prestacional, cabe recordar, tal cual ha llegado a nuestros días tiene su origen en el cambio del sistema productivo en épocas de la revolución industrial. El hombre que vivía de los recursos del suelo pasa a depender del salario. Atento que el empleador se niega a asumir las contingencias de la vida, Bismark, en la Alemania del siglo XIX, identifica la nueva riqueza y la grava mediante un aporte del trabajador, una contribución del empleador y si no alcanza el Estado complementa el fondo. Esos recursos los asigna al pago de una prestación dineraria.
Asimilar el financiamiento de la seguridad social al cambio económico actual, ineludiblemente lleva a asumir que lo que creció es la especulación sobre la producción, que es lo que se debe gravar. Lo que desmitifica que estamos ante una cuestión inmodificable, que el problema radica en la extensión de la expectativa de vida, en que hay menos activos por pasivos que los necesarios, etc. Lo que está en debate es la contradicción entre la lógica mercado céntrica y la pueblo céntrica.
La crisis mundial, continuidad del saqueo a mano de los bancos que ya conocemos los argentinos, es una oportunidad para pensar desde sí, para ser nosotros mismos, para liberarnos, despojándonos de lo ajeno. Deseducándonos de las categorías de análisis anglo euro céntricas. Asumiendo que una denuncia, como la que hacemos, es un anuncio que expresa un presente exactamente invertido, que nos pone frente a la posibilidad de trocar lo especulativo por lo productivo, el proyecto de otro por el propio proyecto.
Las AFJP, desde 1994, recaudaron en concepto de comisiones unos 12.000 millones de dólares, cifra con la que los argentinos pudimos haber construido dos ciudades enteras como la de La Plata, que de haberlo hecho serían nuestras, pero que además por solo hacerlas hubieran generado – en épocas de exponencial crecimiento de la desocupación- 4 millones de nuevos puestos de trabajo, según se infiere de la matriz insumo producto.
Si bien todo proyecto nacional se financia a sí mismo con los recursos y riquezas hasta ese momento sin uso o marginadas o conflictivas, y que el préstamo como enseña Gustavo Cirigliano- solo adelanta el tiempo, la ejemplaridad que desnuda el tema de las AFJP muestra que otro camino es posible.
Es el fraude comunicacional el que sostiene haber convertido en negocio los derechos. Llama ley de «solidaridad» a la que le quita los derechos a los jubilados, «flexibilización» laboral la que precariza el empleo y facilita los despidos, «jubilación segura» la que pretende que la garantía es la cuenta individual, ocultando que su resultado es ruinoso.
Los fondos de pensión son la savia que alimenta al capital financiero concentrado y globalizado, cambiar el eje de la especulación por el de la producción es marcar el cambio de rumbo de este tiempo. Eliminar el sistema de capitalización es cortar el nudo gordiano de la especulación.
Frente a la impudicia del reciente salvataje de Estados Unidos de Norteamérica y Europa a bancos y empresas, es hora de decir la verdad, y recordar, como enseñaba Raúl Scalabrini Ortiz, que «Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos asegura.».
No es tarde para aprender que la previsión debe ser social no especulativa, porque volver a la realidad sigue siendo el imperativo inexcusable.
|*| Abogado. Profesor de Derecho de la Seguridad Social (UBA). Presidente del Instituto para el Modelo Argentino.
Compartí tu opinión con toda la comunidad