La exactitud
Confieso sin pudor que estoy agotado intelectual y físicamente mis genitales golpean el suelo y rebotan de escribir sobre la supuesta reelección de Vázquez. Pero como la vida es imperfecta, y la carne débil, cada día hay algo que me incita a seguir.
Ahora fue un artículo del filósofo argentino Mario Bunge, al que tituló, hablando de otro asunto, «La exactitud hace posible convivir»; no sabe este hombre inteligente, quien lamentablemente ha practicado la petulancia, que me he apropiado de su idea madre. En ese texto, luego de decir que la exactitud nació con la revolución neolítica, hace unos diez milenios, pone ejemplos graciosos de su revés: el militar que declama «estamos rodeados de enemigos pero no sabemos quiénes son ni dónde están», el ministro de Economía que comunica que «las finanzas, como lo demás, están en manos de Dios» o el farmacéutico que aconseja «beba de este jarabe, pero no tome mucho ni poco».
Conclusión, así es imposible convivir.
El Frente Amplio está haciendo añicos la exactitud, con lo cual compromete cada día más su convivencia, su unidad, a partir de esa zona muerta, de incertidumbre, creada por el silencio del Presidente ante el ruido de quienes empujan su reelección. ¿Nadie lo advierte? Ya hay sectores y dirigentes alineados en una vereda y otra; incluso la actitud de Mujica lo demuestra, argumentando, por un lado, que las candidaturas las debe resolver el Congreso y, por otro, que si Vázquez acepta la reelección él se baja de la fórmula: es ese estilo que sugiere «así como te digo una cosa te digo la otra», que, al coquetear con la ambigüedad, no aporta mucho a la unidad ni, paradójicamente, a la salvaguarda de sus propios intereses políticos.
Bunge no pensaba en el Frente Amplio, claro. Pero, haciendo jugar a la imaginación, lo veo diciéndoles al Presidente y a los demás, todos: «Quien menosprecia la exactitud desaprovecha cinco milenios de civilizaciones y estorba la nuestra».
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