Reelección
Hablando con un amigo de esta sacudidora campaña por la reelección de Vázquez, me dijo, en una interpretación audaz aun metafóricamente, que le recordaba a las palabras certidumbre y verdad.
No conforme, me propinó un argumento de Julián Marías: «La vida está llena de cuestiones respecto a las cuales no tenemos certidumbre. Cuando llegamos a una certidumbre, alcanzamos una verdad en sentido estricto». A eso, a juicio de mi amigo, es a lo que han llegado quienes promueven la reelección.
¿Ah, sí? Pues no me parece tan claro y se lo espeté. Puede haber certidumbre y puede que crean que, a través de ella, se introducen en la verdad. Pero yo tengo otra percepción, si se me disculpa la petulancia.
Realmente, ¿en qué creen María Julia Muñoz, Daisy Tourné, Víctor Rossi y los varios legisladores y dirigentes políticos del Frente Amplio que han firmado para reformar la Constitución y habilitar esa reelección?
En el providencialismo.
Hay un problema. Es complejo y les conmueve. Conduce a exhibir diferencias y hasta contradicciones. Entonces pienso que han sacado tal conclusión- ¿a qué discutir y desangrarse si de los cielos puede bajar (en realidad no lo necesita, porque ya está sentado en el magno sillón) el ser providencial que todo lo puede, que todo lo piensa, que es capaz de llevar al rebaño rebelado e inquieto tranqueras adentro, ordenadito, sin baladas, quejidos ni pataleos?
¿Y en qué no creen esas personas?
En la madurez política y la capacidad de una coalición con casi cuarenta años de vida y que, vaya paradoja, ellos integran, de resolver el problema con buenas dosis de debate desde las bases, que eso es también democracia y republicanismo.
Ignoro si se han dado cuenta, pero su actitud le hace flaco favor al futuro de un movimiento progresista que necesita de la participación de todos como el agua y el pan de cada día, al tiempo que debe alejarse de microclimas, de dedazos y, especialmente, de providencialismos.
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