El camaleón
A mi memoria afloró de pronto, sacudiéndome, el recuerdo del Pincheira De León, jugador del pasado del club Tito Borjas de San José.
Aunque como creador siempre fue discutido, terminó aceptado y respetado por los futboleros maragatos por su categoría de estratega, al extremo de que hubo quienes le pusieron el mote de «camaleón». Es decir, uno de esos tipos que siempre se escurren por el camino inesperado, que viven pensando cada jugada tratando de anticipar al otro y que a esto jamás hallé explicación plausible alguna- generalmente andan de rostro serio y recién sonríen, a veces, después de los partidos. Son los que completan este dibujo con una cierta lentitud de movimientos la cual, supuestamente, compensan con rapidez mental y ubicuidad.
El Pincheira jugaba siempre en espacios reducidos de la cancha, exquisita forma a la que apelo para advertir que no era lo que se dice un trabajador de la cosa, y se las ingeniaba para aparecer, o reaparecer, en el momento menos pensado, cuando se suponía que «se había ido» del partido.
Lo bueno era que lo hacía cual jugador diferente cada vez, aunque sin perder la esencia: ya por derecha, por izquierda o por el centro, ya el toque corto insistente, ya el pase largo y cruzado, ya el regateo para capear algún temporal adversario.
¡Qué jugador el Pincheira!
Maestro del maquillaje, del birlibirloque, de la fantasía. Un hombre indescifrable que, dependiendo de las circunstancias, podía convertirse en otro. Dicho simbólicamente, claro.
Lo mejor de todo se advertía al concluir cada contienda. No se había despeinado, no había transpirado, no se había embarrado. Con frecuencia, ni ajaba la prolija vestimenta que se le había proporcionado.
Vea, lector, qué recuerdo despertó en mí quizás es la comprobación de que tengo un cortocircuito mental- la reaparición política de Yamandú Fau.
Mejor cierro esto con una aclaración tipo película americana: «cualquier parecido es mera coincidencia».
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