Matemática
Hay ciencias que se han desarrollado más que otras, ampliando grandemente el campo de su influencia.
Es el caso de la matemática. Desde los albores del siglo XX, cuando Russell propuso su aplicación a la lógica y a la filosofía, hasta este presente en que da apoyo a la física cuántica, mucha agua ha corrido bajo los puentes.
Pero su avance no cesa.
Científicos españoles y franceses presentaron un modelo matemático que estudia y puede predecir tsunamis y avalanchas submarinas. Se trata de ecuaciones complicadas que no describiré sería imposible por el escaso espacio y porque superan mis anémicos conocimientos, pero que han sido muy bien fundamentadas.
Confieso que ignoro si la novedosa aplicación tiene que ver con la sistematización de axiomas, con la teoría de los agregados o con la construcción de un sistema deductivo moderno. Vaya uno a saber. Me importa el resultado. Quizás se pueda, en un futuro cercano, calcular la línea que seguirán los pasos de Ruedita cada mañana, luego de salir del boliche del Chiquito Otegui. No es broma. Sería fundamental para la salud física de los transeúntes que tienen la mala suerte de cruzarse con él.
¡Qué herramienta la ciencia! Hay que pensar en las catástrofes que podrían advertirse con anticipación y, por tanto, reducir sus trágicas consecuencias.
Claro, siempre salta entre tanta expectativa, cual muñeco loco, una paradoja.
Ese modelo matemático que estudiaría y predeciría tsunamis y avalanchas submarinas será incapaz de hacer lo mismo con una crisis financiera planetaria como la que estamos padeciendo, pese a que la matemática es la ciencia que trata de la cantidad.
No hay caso. Ni las deducciones, ni la aritmética cardinal, ni las distribuciones seriales, ni la doctrina de los tipos, por decir algo y posar de entendido, han logrado poner un freno moral al individuo.
Ciertos hombres pueden hacer trizas a la matemática y no sólo a ella con tal de satisfacer su ambición.
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