Ambigüedad
Disfrutamos aquí, dentro de límites constitucionales y legales, de la libertad de expresión.
En ejercicio de esa libertad hay una corriente que insiste en la reelección de Tabaré Vázquez. Ahora está expresando de modo notorio para los oídos y para la vista la intención de darle más energía a su campaña.
El derecho de quienes integran esa corriente a expresarse debe ser defendido frente a cualquier intento contradictor: hace a la esencia de una democracia sana.
Pero no se trata de eso, sino de que, incluso con el mejor espíritu, pueda inducirse a la confusión.
Esta claro que si esto ocurre se deberá, fundamentalmente, a cierta ambigüedad que sobrevuela el escenario político, ya preelectoral.
Hay un detalle, a mi juicio relevante, que basta como ejemplo de esa ambigüedad: la notoria imagen de Vázquez en los afiches de esta campaña sugiere que, aun por omisión, ha admitido que se la use.
No me permitiré agraviar al presidente suponiendo que flaquea su expresa y reiterada negativa a la reelección; es más, creo que ésa ha sido una decisión firme, resultado de un profundo proceso de reflexión, de un hombre de honor.
Ahora bien, vale la pena advertir que el ruido que emerge de la campaña de marras se introduce en un contexto peculiar, con todos los sectores del Frente Amplio inmersos en la búsqueda de un consenso que permita definir una fórmula presidencial con Astori y Mujica para las próximas elecciones.
No es todo. Se ha anunciado la presentación del borrador del programa de la izquierda para un eventual segundo período de gobierno, cuestión que aterrizará de inmediato en el Congreso Nacional y las manos de los mismísimos aspirantes a candidatos.
Así las cosas, la ambigüedad sigue, está ahí. La libertad de expresión, paradójicamente, podría, en tales circunstancias, convertirse en un incordio. ¡Nada de limitarla! Tener en cuenta sus posibles consecuencias, ah, eso sí.
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