El Cacho
-El Cacho va’legir pareja pa’ bailá dijo Ruedita, luego de tragar de un saque una grapa con clericó que había sobrado del cumpleaños de la hija del Chiquito.
-¿Qué Cacho? quiso saber el Facha Ruiz, recostado al mostrador porque no se podía sentar por las hemorroides.
-El Vidá… -aclaró Ruedita.
-¡…lín!
-Ah, ¿e’chino?
-¡Vidalín, garbanzo mentall! estalló el Chiquito, mientras sacudía telas de una caja de vino rosado que había olvidado seis meses antes.
-Se’gual… concilió Ruedita. El Cacho e’como la’Ustaquia, l’única mina qu’iba a lo’ baile’ del Campana… O bailaba’con ella o terminaba’ haciendo malambo’n el piso e’ tierra, solo y mamao…
¿Vo’ decís que el Guapo y el Cuqui le están haciendo señas, a ver por quién se decide para armar pareja? saltó el Cascarilla Batista.
-Se lo lleva el Guapo, por encarador postuló Epifanio.
-Te la llevo se plegó el Facha. Además, el Guapo es más parecido al Cacho, un tipo al que le importan las pequeñas cosas…
-Si le importan las pequeñas cosas… ¡guarda! advirtió Batista- porque se puede llenar de microbios. ¡Es cosa de grandes ideas! Van a bailar juntos los que han demostrado tenerlas… Pa’mí son iguales con el Cuqui.
-¿Ah, sí? Epifanio fue irónico. »Dios nos hizo a su imagen y semejanza», le dijo el hipopótamo a su hijo…
-Al Cacho lo veo indeciso apuntó el Chiquito. -Mucho amague. Le va a pasar como a aquella mina que esperaba para bailar. Dudó tanto que al final vino un encantador de serpientes y la conquistó: «¿Vos bailás?». Ella creyó llegada su hora y dio el sí. El tipo dijo: «Fenómeno, ¡entonces prestame la silla!». Y la dejó parada.
-El Cuqui no va’dejá parao al Cacho Ruedita se enojó. Le va’frecé que sea primera dama…
-¡Vicepresidente, será, cerebro contra natura! le espetó Epifanio.
-Se’gual… ‘sa pareja’stá’namorada… Dejá pasá do’ mese’ y decime si n’hay cubinato…
Fue demasiado. Nadie quiso seguirla. Pero, qué curioso, quedó flotando en el ambiente una duda enorme.
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