Si les hace mal…
He escuchado, estupefacto, declaraciones de autoridades municipales acerca de «la fealdad de la avenida 18 de Julio».
¡Que lo parió!
Echan la culpa de ese estado y de la repugnancia que les produce cual si hubieran aterrizado ayer tras vivir veinte años en un anillo de Saturno a los carteles que identifican comercios, llamados «el reino de la anarquía», y al mal estado de las veredas y de algunos edificios, «originariamente bellos y con historia».
Hecho tamaño diagnóstico, le sucedió la consiguiente promesa: se hará lo posible por embellecer la principal avenida. Ya se contrató a una arquitecta y todos parecen dispuestos a poner manos a la obra (no como Volonté en su tiempo, menos mal, dado que las circunstancias y objetivos son distintos).
Digo yo, ¿estamos todos locos? ¿Una bacteria desconocida ha afectado la razón, la memoria y la aprehensión de la realidad de gente que hasta ahora exhibió sentido común y responsabilidad?
Un descubrimiento tan abrupto e inoportuno induce a sospechar, además, un pasaje de facturas al ex intendente Arana, quien en diez años hizo mucho quizás insuficiente pero notorio por esta avenida, el centro y la Ciudad Vieja.
Si descartamos esa hipótesis, tal vez algo paranoica, achacar el caos en que se habría convertido 18 de Julio a los carteles comerciales, al desaseo de unas construcciones y al museístico muestrario de baldosas destrozadas es, de todos modos, poco menos que para desternillarse de risa.
¿Y la mugre, que repta, vuela, se amontona y se multiplica? ¿Y los borrachitos y los faloperitos, despatarrados en la calle? ¿Y los plátanos mal talados, que destruyen veredas y cordones, tapan semáforos y promueven la conjuntivitis? ¿Y los preciosos carritos, que hacen a diario exquisitas muestras para el turismo? ¿Y el pandemónium del tránsito, orondo, enhiesto, invencible, reproducido?
Preferiría que Ruedita no hubiese dado en el clavo: -¿Pa’ qué chupan si le’jase mal?
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