LAS CONTRADICCIONES EN LAS RELACIONES COMERCIALES INTERNACIONALES
El reciente fracaso de la Ronda de Doha volvió a mostrar la histórica y clásica contradicción central entre los países desarrollados y subdesarrollados. Siguen existiendo acciones y políticas de los países desarrollados, especialmente en el campo de la agricultura, que afectan a las economías de los países subdesarrollados. Pero también surgen contradicciones secundarias entre los propios países subdesarrollados, que tienen nuevas y relevantes presencias en las negociaciones y que marcan nuevos escenarios en las relaciones comerciales internacionales.
Los países desarrollados tienen una retórica sobre la libertad de comercio. Pero esta no existe por las propias acciones de dichos países, tales como los subsidios a las exportaciones agrícolas, las ayudas internas a los productores agropecuarios, la existencia de cuotas y contingentes sobre productos agrícolas, los picos arancelarios a bienes manufactureros basados en mano de obra barata y la progresividad arancelaria que se aumenta a medida que se incrementa el valor agregado de los productos de exportación. En la Ronda Uruguay quedaron pendientes temas sobre la agricultura. En la Ronda de Doha se retoman, pero dentro de una negociación global donde los países desarrollados vuelven a explicitar nuevas exigencias, especialmente la rebaja de aranceles de los productos no agrícolas. Desde la creación de la Conferencia del GATT los acuerdos se hacían efectivos entre los propios países desarrollados, a tal punto que los temas agrícolas ingresaron a la negociación 40 años después de la creación de dicha Conferencia. Los países subdesarrollados fueron adquiriendo fuerza a través del grupo de Cairns, bajo el liderazgo de Australia, y luego con el grupo de los 20 bajo el liderazgo de Brasil. En los últimos años surgen potencias emergentes que determinan el dinamismo del comercio internacional, como China e India, que pasaron a tener una mayor fuerza en las negociaciones. En materia de agricultura los países desarrollados eliminarían los subsidios a las exportaciones en 2013 e iniciarían un proceso de rebaja de las ayudas internas, aunque en buena medida los nuevos topes de ayuda seguirían siendo superiores a los subsidios efectivamente aplicados. Ello muestra cómo se minimizan los sacrificios por parte de los países desarrollados. Pero la negociación fracasó con el tema de los Mecanismos de Salvaguardias Especiales (MSE) por los cuales los países en desarrollo podrían incrementar sus aranceles cuando se constataran determinados aumentos de importaciones agrícolas que pudiesen afectar objetivos de seguridad alimentaria y especialmente a productores agropecuarios de estos países. No hubo acuerdo en el nivel de aumento de importaciones que pudiese permitir el incremento de los aranceles. Por un lado, India y China querían defender a sus productores agrícolas frente a fuertes aumentos de importaciones provenientes del mundo desarrollado que subsidia sus exportaciones y otorga ayudas internas a sus productores rurales. En este caso los países en desarrollo estaban pidiendo, bajo otros mecanismos, lo que hacen permanentemente los países desarrollados. Estos, bajo el liderazgo de los EEUU, no permitieron que India y China pudiesen defender a sus productores. No hubo acuerdo y la Ronda de Doha fracasó.
Detrás de este fracaso surgen algunos elementos de interpretación. El actual gobierno de EEUU aparece con cierto grado de aislamiento internacional después de la invasión a Irak, con elecciones nacionales en este año, sin mecanismos de vía rápida parlamentaria para los acuerdos comerciales, con mayoría demócrata en el Congreso y con una importante crisis financiera que lo debilitaba para otorgar concesiones a dos potencias comerciales emergentes como India y China. La Unión Europea se escudó detrás de los EEUU. En el trasfondo de la negociación habría que considerar etapas de cambios en las relaciones de poder, con mayor presencia de China e India y posiblemente de Rusia, que pudieron influir sobre el fracaso de Doha. En esencia, los países desarrollados no ceden, las asimetrías se profundizan y las brechas se amplían con respecto a los países subdesarrollados. Por ello centramos el fracaso de la Ronda de Doha en la contradicción central e histórica entre las políticas del mundo desarrollado y sus efectos negativos sobre los países subdesarrollados, que intentan mejorar sus relaciones de poder.
En Uruguay surgen voces de interpretaciones distintas, que nunca se acuerdan de las responsabilidades del mundo desarrollado y solo encuentran culpables en los países subdesarrollados. Que solo analizan contradicciones secundarias existentes entre los países subdesarrollados. Unas semanas atrás escuchamos a un alto funcionario de la Cancillería uruguaya responsabilizar a India del fracaso de la Ronda de Doha. En otras ocasiones oímos bombas y detonaciones por diferencias comerciales entre los países de la región. En la Ronda de Doha, Uruguay puso mucho énfasis para que en el tema del MSE no se vieran afectados otros países en desarrollo. Pero en esencia los países pequeños como Uruguay y Paraguay no verían afectadas sus exportaciones agrícolas por estas disposiciones. Sin duda hubiese sido mejor que la defensa planteada por India y China fuera para enfrentar exclusivamente a importaciones agrícolas provenientes de países que subsidian sus exportaciones agrícolas, como surgió de un interesante diálogo que sostuvimos en Ginebra con los representantes de Uruguay en la negociación. Miremos el bosque y no solamente algunos árboles. Analicemos la estrategia global y no solamente la táctica específica para la negociación de los MSE. La unidad de los países subdesarrollados se manifiesta en el enfrentamiento a los países desarrollados sobre subsidios, ayudas internas y acceso a mercado. Esto no quiere decir que no surjan intereses distintos entre los países subdesarrollados. Brasil, China e India están alcanzando importantes protagonismos a nivel mundial. Brasil, con una actitud distinta respecto a la reunión de Cancún, realizó grandes esfuerzos para que la Ronda no fracasara, aún a costa de rebajas arancelarias que pudiesen afectar su industria manufacturera. Por aquí surgieron las diferencias con Argentina que busca recuperar el terreno perdido en su industria manufacturera como consecuencia de la aplicación de la ley de convertibilidad en la década de 1990.
¿Cuál es el rol de Uruguay? Sin duda defender sus intereses actuales y potenciales. Enfrentar unido la contradicción central para eliminar subsidios a exportaciones agrícolas, ayudas internas y acceso a mercados de los países desarrollados. Pero también conseguir trato especial y diferenciado para poder exportar productos con mayor contenido tecnológico, con mayor valor agregado y con mayor empleo. Como país pequeño no tendríamos problemas con la aplicación de los MSE. No olvidemos nuestra situación geográfica y que nuestro futuro pasa por el mejor relacionamiento posible con Argentina y Brasil, y por propuestas comunes de defensa y construcción en América del Sur hoy y en América Latina mañana. Aislados y solos no tenemos chances. Pero también nuestro comercio exterior tiene que tener destinos muy diversificados, como en la actualidad, lo cual no necesariamente requiere tratados comerciales bilaterales que puedan afectar nuestras potencialidades de futuro.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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