Envido difícil
Es una partida de truco entre dos jugadores habilidosos, experimentados y pícaros, ¿quién se anima a aventurar un resultado?
Algo es seguro: ambos han sido quienes más aportaron a la expectativa en la caminata hacia la mesa del juego definitivo; se merecían la final, a ver qué pasa.
La partida hace rato que empezó, sólo que las primeras manos fueron de puro estudio, lentas, pensadas. Recién ahora comienza el baile y de tal modo que, a la vista, uno de los jugadores tendría para desafiar a un envido con cartas presuntamente fuertes; las del otro también lo serían, o al menos se supone por esa sonrisa sesgada que le ilumina el rostro. Pero, se sabe, en tales trances la verdad se comprueba encima de la mesa y, como no hay apuro nadie que juegue bien se apura todavía podremos observar muecas, suspiros, cabeceos, aparentes dudas o certezas y, especialmente, silenciosos cálculos en los que no se puede fallar.
El que tendría en mente gritar el envido y, quién sabe, hasta echar la falta, confía en que si gana habrá ajustes severos a la reforma tributaria: las rentas del capital pagarían igual que las del trabajo, se volvería a un IRAE del treinta por ciento y se levantaría el secreto bancario para controlar la evasión impositiva. Y ojo, que no es lo único por lo que quiere hacer suyo este truco.
Todos saben que al otro, que mira con los ojos entrecerrados al adversario, esos cambios no le seducen; al contrario, desde el comienzo se opuso a ellos y dio sólida lucha por ir en la dirección contraria. Suena improbable que ahora se trague esa espina así nomás, salvo, claro, que las cartas le hagan perder la mano que se viene y que parece decisiva. ¿Dará el envido, revirará, acaso aceptará la falta y se jugará de un saque el partido? ¿O se las ingeniará para alargar la partida y que haya más cruces, buscando ganar por acumulación de tantos?
¿Mujica está «cargado»?; ¿Astori puede enfrentarse a una encrucijada?
Ah, veremos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad