AHORA ESTA CLARO

Hay una frase de uso muy corriente entre profesionales del Derecho, que dice: «A confesión de parte, relevo de prueba». Salvando distancias, esta misma proposición podría aplicarse perfectamente a lo ocurrido el fin de semana pasado, a partir de las afirmaciones vertidas por el precandidato del Partido Nacional Dr. Luis Alberto Lacalle, en el marco de una gira política por el departamento de Canelones.

Mucho se ha especulado a nivel político y periodístico, acerca de qué ocurriría con las reformas aprobadas y desarrolladas por el Frente Amplio, si en el próximo período no continúa al frente del gobierno. Fiel a un estilo reconocido y encomiable, según consigna la prensa, el Dr. Lacalle no dejó dudas en la materia. Declaró más de una vez, que si tuviera la oportunidad, derogaría las leyes aprobadas y daría por tierra con todas las reformas efectuadas por el gobierno frenteamplista.

Ahora está claro. Ya no hay necesidad de imaginar o suponer nada al respecto. Si gana la derecha, si ganan los partidos tradicionales, la nítida predisposición, es a terminar con las reformas y con las principales leyes de nuestro gobierno. Así lo repitió el ex presidente nacionalista en distintas instancias de su visita a Toledo, Pando y La Paz, y siendo el Dr. Lacalle quien lo anuncia, me parece que deberíamos creerle.

Todos sabemos que en nuestro país, a partir de la recuperación democrática, colorados y blancos gobernaron en conjunto, coaligados mediante acuerdos que oportunamente merecieron diferentes denominaciones. Gobernaron juntos, a lo largo de los últimos veinte años y el Dr. Lacalle, que fue presidente de uno de esos gobiernos de coalición, fue un articulador y un actor preponderante durante todo ese proceso político.

Si el Uruguay decide retroceder hacia la derecha, como es previsible, blancos y colorados volverán a gobernar juntos mediante una nueva coalición. Si el próximo presidente es Lacalle, ya sabemos qué es lo que piensa hacer, pero si fuera otro de sus colegas, las circunstancias, igualmente no serían muy diferentes. Cualquiera de ellos, va a necesitar a Lacalle y al Herrerismo para formar gobierno primero y para gobernar después, por tanto, la voluntad del Herrerismo de eliminar las reformas en curso va a pesar y va a estar presente en las decisiones de un eventual gobierno blaquicolorado.

Para empezar, creo que si los blancos y colorados vuelven al poder, en los primeros seis meses del próximo gobierno se va a eliminar el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y se va a desmontar el Sistema Nacional Integrado de Salud, sin importar las consecuencias. Y menciono sólo estos dos casos, porque son el blanco favorito de los principales ataques de la derecha y quizás las más emblemáticas de las reformas realizadas por el Frente Amplio.

Pero luego van a tratar de demoler todos los demás avances. La legislación laboral que aprobamos en este período y la convocatoria a los Consejos de Salarios, que ha sido fuente de irritación permanente para la derecha política y económica de este país, serán dos objetivos concretos a eliminar en un gobierno de los partidos tradicionales. Así como los programas del Ministerio de Desarrollo Social, la futura ley de Educación y los recursos presupuestales asignados a la educación durante este gobierno. ¿Alguien piensa que la derecha va a mantener una dotación de recursos para la educación del orden de los 1.500 millones de dólares? ¿Se continuará acaso con el esfuerzo marcado por el Plan Ceibal? Me parece que no. Y en materia de Derechos Humanos, lo único que cabe esperar es un enorme retroceso. Volveremos a lo de antes, no se investigará más nada, no se buscará a los desaparecidos, conviviremos con la impunidad y seguramente, se dejará en libertad a los militares violadores de los Derechos Humanos actualmente presos.

Este es el pronóstico correcto. Desde hace mucho insisto con la idea de que las elecciones nacionales no se ganan solamente con una gran gestión de gobierno. Es condición necesaria, por supuesto, pero políticamente, para afirmar el cambio, es necesario bastante más. Mucho más esfuerzo político del Frente Amplio y sus dirigentes, para movilizar, fortalecer la comunicación social de nuestra fuerza, para afirmar y profundizar nuestra unidad, para resolver en el mejor y más amplio consenso, el mejor programa de gobierno y los mejores candidatos para ganar la elección.

Y lo he repetido muchas veces, en muchas actividades y en actos políticos frenteamplistas, como el del 26 de marzo, en la explanada de la Intendencia Municipal de Montevideo. Si perdemos la próxima elección, no sólo perderemos algunas bancas y la histórica oportunidad de seguir transformando y construyendo el Uruguay del futuro. Se perderá mucho o casi todo, de lo que ya hicimos y de lo que estamos haciendo. Se perderán cinco años de reformas, de cambios estructurales, de políticas sociales, cinco años de avances sustanciales en la vida del país y en particular, en la vida de los trabajadores y de los menos favorecidos.

 

Pero sinceramente, nunca pensé, que faltando todavía un año para la elección, el propio Dr. Lacalle me lo iba a confirmar, exponiéndolo de forma tan directa y cristalina, permitiendo incluso, que muchos uruguayos que quizás no lo tenían del todo en cuenta, ahora sí, puedan abrir los ojos y empezar a evaluar con mayor profundidad, qué es lo que se juega el país en octubre de 2009.

Las declaraciones del ex presidente no constituyen error ni imprevisión, representa un importante mensaje político para el electorado de derecha. Y en la campaña hacia las elecciones internas, los demás precandidatos de los partidos tradicionales van a ir por esa misma línea, para poder captar a los electores más conservadores y refractarios a la propuesta frenteamplista. No creo que ninguno de ellos, tenga asumido regalarle ese espacio en exclusiva al Dr. Lacalle, si es que pretenden competir con éxito. Seguramente, vamos a presenciar varios anuncios más en la misma dirección, en el marco de un discurso de fuerte rechazo a todo lo realizado por el Frente Amplio, que difícilmente luego, pueda ser olvidado y archivado, en caso de acceder al gobierno.

Una derrota del Frente Amplio en las próximas elecciones, significaría la aplicación del programa de la derecha, que no es otra cosa que el retorno al pasado, a los 20 años de fracasos que acumulamos en nuestro pasado reciente. Ahora ha quedado claro, que nadie se llame a engaño. Y representa un llamado de atención más para nosotros mismos, para los frenteamplistas, para sortear con responsabilidad, con inteligencia, consenso y unidad, nuestros propios obstáculos y atascos, que son los que nos separan del triunfo.

|*| Senador,  Nuevo Espacio FA

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