LA NECESIDAD DE REINGENIERIA DE LA INSTITUCION POLICIAL
No es justo atribuirle el problema de la inseguridad a la actual ministra del Interior. Más allá de aciertos o desaciertos, lo real es que la inseguridad se debe a otras variables que al curioso desempeño de la Sra. ministra.
Por un lado, teníamos 450.000 pobres en el año 2000 el país producía 22.000 millones de dólares al año-, lo que significaba el 14% de la población. Pasamos a producir 11.000 millones de dólares en el 2003 y alcanzamos el millón de pobres en 2004. Hoy producimos, nuevamente, algo más que los 22.000 millones pero tenemos 900.000 pobres. Los que no sabían nada antes lograban producir 22.000 millones pese a los muy bajos precios de exportación de nuestros productos- y tenían 500.000 pobres menos que ahora, luego de tres años del gobierno actual. Obviamente, si hay que mirar a un ministro por este asunto no es a Tourné.
Al mismo tiempo el país conoce ahora una extensión tremenda de una droga para pobres, la pasta base, y ello inserta a mucha gente en el circuito de la inseguridad. El extendido microconsumo no es meramente un tema de represión sí lo son el narcotráfico y el narcolavado- sino algo bastante más trascendente y grave. Por un lado, el drogado no tiene frío ni hambre abandona por instantes la exclusión social, que, por otra parte, él no ha elegido- y, por otro lado, el desamparo social deviene en una búsqueda de identidades juveniles que traen la pasta base en el paquete. Es un problema bien complejo, como se ve. No da para falsas oposiciones. Que es en lo que estamos los uruguayos.
Es necesario un cambio de actitud de la ministra
Hace, por otro lado, muy mal el gobierno en pensar que esa realidad es una invención de la oposición. O de la prensa. Desde hace años salen en televisión los comerciantes contando que han sido asaltados 37 veces, o cosa por el estilo. Esto es como la publicidad de Antel desde que no es la empresa que vende más minutos: ¿Cuántos conoce Ud. que usan Ancel? ¿Cuántos conoce Ud., amigo lector, que han asaltado en los últimos seis meses? Qué horrible país sería uno en el que no se pudiera hablar de eso porque le molesta al Gran Hermano (de Orwell, no de la tele).
El gobierno cree que esto es cosa de la oposición. El gobierno, a nuestro juicio, no sabe lo que es oposición. La oposición es muy débil. En realidad ello ocurre porque los partidos de oposición quedaron fuera de papel al no tener mucha información de lo que pasa, una vez que quedaron fuera del sistema de contralor del gobierno, para debilidad del contralor republicano. Y prensa de oposición en serio no existe, por favor. La Sra. ministra debería saberlo bien, puesto que tiene claro desde la primera semana de su gestión que sus enemigos están adentro del Ministerio, entre sus «amigos» y bien arriba, y que a través de ellos suele perder las referencias de lo que ocurre en su cartera. Por ejemplo, el trato humanitario a los presos desapareció y en algunas de las cárceles importantes la orden es «dar palo». Le hacen «la alfombra» a los presos, algo que la Sra. ministra seguramente podrá averiguar rápidamente qué es. O podrá averiguar, también, que ahora ocurre que las señoras de los jerarcas no concurren a los juzgados cuando las citan. No. No hay oposición.
Quienes creemos que la ministra es buena persona pero está equivocada consideramos que es necesario que rectifique radicalmente el rumbo. Lo precisa el país. No se puede llegar a las elecciones con una ministra del Interior desafiante, del «que me saquen lo bailado» (que además se lo baila, se lo canta y se lo cabalga), que no le habla a la prensa y le pasa de largo a los micrófonos porque está ofendida. Y recorre los comités de base hablando mal de la oposición. Veamos. El Ministerio del Interior es el ministerio político. Allí es que se ofrecen garantías a todos. Nuestro sistema institucional no prevé allí alguien exasperado y exasperante. Fuera de papel. ¡La ministra está ofendida! ¡No me digas!
No. La Sra. ministra tiene que girar en su actitud y hablar con la oposición de dos cosas que deben ser políticas de Estado. El presente y el futuro de la Policía y de la seguridad. La reforma del Estado llevada a la seguridad, porque la inseguridad también se resuelve reformulando las instituciones.
El presente
El presente, institucionalmente hablando, no podía ser peor. Se está en el preciso momento en que el cargo de director nacional de Policía pasará a dejar de ser necesariamente ocupado por un policía, como ahora, y se desprofesionalizará el sistema pasando a ser un cargo de confianza más ocupado por un civil, Rendición de Cuentas y retroceso institucional mediante.
Se aborda mal, asimismo, el problema de los efectivos policiales, porque no es sólo un tema de salarios. Lo que les va a subir el actual gobierno es lo que les bajó Batlle y la crisis y es similar a lo que les había subido antes Sanguinetti. No resuelve el problema. El servicio 222 que pagan las empresas, que no aporta BPS desprotegiendo al agente, el gobierno sí quiere descontarle IRPF. ¿? Tampoco ese, siendo grave, es el problema. El problema es que un ser humano no puede encargarse bien de la seguridad de nadie haciendo 8 horas de trabajo para el Estado y 8 horas más para un privado, que eso es el 222. El 222 tiene que pagar BPS, las empresas lo tienen que pagar más caro, tiene que estar limitado en sus horas de modo que el policía no trabaje más de 12 horas (entre lo público y lo privado, de modo de poder ser un buen policía y no un trapo humano, así tratado por la sociedad), hay que eliminar el 10% del 222 que se llevan los jerarcas policiales plusvalía, si las hay, y fuente de cualquier acomodo y ello hará necesario que se tomen más policías, buena parte de los cuales la pagarán los servicios privados. Si la ministra no toma este tipo de rumbos, la Policía se le viene encima. Y nadie quiere eso. Ni la oposición, ni la Policía.
El futuro
Apenas nos queda espacio para plantear el índice de los temas de reingeniería policial que son imprescindibles de tratar.
1.- Asuntos internos. La Policía está en relación diaria con el delito y es permanentemente tentada por este. Es de los cuerpos del Estado que más precisa contralor. Cuando la época de la «polibanda» -51 atracos en 52 semanas a bancos o locales de cobro, jamás aclarados, con robo de 8 millones de dólares e indicios definitivos de que los asaltantes eran policías- fue claro que una parte del organigrama policial dado vuelta era el organigrama del delito. Lo que más le hace daño a la Policía honesta es la Policía corrupta. Si uno llega a un país y no hay asuntos internos en la Policía, entonces ineludiblemente hay corrupción. En Uruguay no tenemos Asuntos Internos porque la Fiscalía de Policía no tiene personal ejecutivo. No tiene policías que investiguen. Es una digna oficina de sumarios.
2.- La Policía Judicial. La Policía en el mundo tiene dos funciones: la Policía gubernativa, más preventiva (mantenimiento de orden, seguridad de personas y bienes, coacción) y la Policía de investigaciones (averiguación del delito y descubrimiento de sus autores e instrumentos y puesta a disposición del juez). La primera suele depender del ministerio encargado de la seguridad, la segunda, llamada frecuentemente Policía Judicial (Irlanda, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Portugal, Costa Rica, Panamá, Ecuador) o del Poder Judicial, del Ministerio de Justicia o del Ministerio Público.
En rigor, debe llamarse Policía Judicial a algo más específico: aquella Policía que no depende del Ministerio de Seguridad sino del Ministerio Público (Panamá) o del Poder Judicial (Costa Rica). De todos modos, la Policía que depende del Ministerio de Seguridad tiene función de Policía Judicial ya que debe responder a jueces y fiscales. Uruguay nunca resolvió bien qué tipo de Policía Judicial quería. Si la función de Policía Judicial dependiendo del Ministerio de Seguridad o del juez, a través de un c
uerpo organizado dependiendo del Poder Judicial.
3.- El tipo de Policía Judicial que se quiere debe definirse dentro de un contexto judicial. El sistema inquisitorio actual en que la investigación la lleva el juez o el sistema acusatorio en que la investigación la llevan el fiscal y el juez es un neutral que decide finalmente. Uruguay no tiene siquiera suficiente independencia de las fiscalías (dependen del Poder Ejecutivo) y tampoco tiene fiscalías especiales. La Justicia a la que debe de servir la Policía es un gran tema en el Uruguay, al que la ministra debería dedicarle más tiempo que a los comités partidarios.
4.- El sistema precisa, además, otras policías especializadas, como la Policía Fiscal o de Hacienda u otras.
5.- Lo penitenciario no tiene nada que ver con lo policial.
Hablaremos, pues, de la reingeniería de la institución policial, que ese sí es un gran tema.
|*| Ex senador, director de Jaque y Posdata.
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