Política
Ruedita me preguntó, de sopetón: -Atori, ¿ya e’ candidato?
Bueno, formalmente no ha sido proclamado, pero es seguro que lo vaya a ser tarde o temprano contesté.
’Tonce ¿po’qué t’haciendo campaña? dijo él, con su lógica impecable de bacteria anaerobia.
Logró que dudara. Recordé unas recientes expresiones del ministro, quizás las mismas que habían empujado a Ruedita a interrogarme; fue al hablar ante un foro sindical, cuando declaró: «La tecnocracia fue inventada por quienes no quieren cambiar al mundo, porque el mundo sólo se cambia con política (…) acompañada por un movimiento social, porque es mejor (…) cuando se hace conociendo la realidad que se quiere cambiar».
Caramba. Si ese no es un candidato en campaña… ¿los candidatos en campaña dónde están?
Es que hasta esta declaración, Astori había dado prioridad precisamente a los aspectos técnicos del manejo de la economía. Uno conjeturaba que su idea era sacar de ahí, o sea de cuentas claras y de resultados tangibles y positivos, el yeso que faltaba a la figura de candidato que legítimamente quería erigir. Algo tan obvio que sólo podrían ignorarlo quienes durmiesen o estuvieran leyendo Playboy en el baño.
Pero la tajante dicotomía que el ministro marcó el jueves pasado entre los políticos, apoyados por un movimiento social, y los tecnócratas supuestamente dispuestos a no cambiar el mundo, sorprendió más que si uno escuchase al Ronco López en el coro del Sodre. Veamos: según la Real Academia, un tecnócrata es el «técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones políticas o ideológicas».
¿Y eso es tan diferente a lo que él ha estado haciendo?
En fin. Se olfatea la maroma. Entrevera ella, porque el otro candidato también largó pero ambos siguen diciendo que no, que están en otra cosa.
¡Por qué me habré encontrado con Ruedita!
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