Política
Así como siempre me ha parecido ridículo el temor a repetir palabras, creo que lo es también abandonar algunas ideas que, a diario, los hechos comprueban.
William James dijo, hace más de un siglo, que «el hombre es la más formidable bestia de presa; más aún, es la única que caza sistemáticamente dentro de su propia especie». No es nada grata tamaña constatación si, además, la aplicamos al comportamiento político.
Julio Marenales, dirigente del MPP, declaró que prefería a Lacalle como adversario electoral «porque es un enemigo nato», mientras que Larrañaga «puede aproximarse a pensamientos del Frente Amplio».
Caramba. No tengo idea si esa eventual cercanía del programa del líder de Alianza Nacional a la izquierda es verosímil, o se trata de otra sofistería de quien habla poco pero cuando lo hace provoca.
La cosa es que de nuevo la política se plantea en términos de antagonismo, dicotómicos, de celebración de la pelea. Se apela, instando con entusiasmo a ella, a la estrategia de la confrontación más radical para asegurar el éxito.
Antes que nada, una precisión: aunque no se trata de lo esencial, descreo que exista esa diferencia maniquea entre ambos blancos sugerida por Marenales.
Los políticos autóctonos, de la tienda que provengan, deberían preocuparse por laborar con espíritu constructivo para obtener el gobierno haciendo justo lo contrario, yendo a la búsqueda de coincidencias por circunstanciales que parezcan. Sólo así se crean políticas de Estado y así avanza un país moderno, no importa si pobre o dependiente, frente a los desafíos de un mundo como el de hoy.
En fin, pese a todo, mantengo la esperanza de que estas actitudes cambien. Tal vez sea sólo por aquella convicción que tanto repitió Rodolfo Tálice: «Junto al comportamiento agresivo natural se impone admitir la existencia, asimismo como pulsión innata, de un comportamiento de vinculación».
Habrá que descubrirlo allí donde esté, cobijarlo y darle impulso.
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