Realismo
Michelle Bachelet dejó a su paso por Uruguay una fuerte imagen de realismo o, si prefiere, lector, de pragmatismo- que parece haber sido contagiosa. El gobierno ha saludado con efusividad los acuerdos suscritos y se advierte un espíritu entusiástico, muy bien venido en las presentes circunstancias.
Si bien es probable que esa imagen de Bachelet tenga que ver con su condición de mujer al menos para mí las mujeres son más realistas y pragmáticas que los hombres sería inteligente advertir que proyecta algo que la trasciende: la política de Estado que su país aplica para relacionarse económicamente con el mundo. Chile tiene cincuenta tratados de libre comercio y reúne condiciones ideales para que, un país como Uruguay, a través de protocolos respetuosos de la integración regional, no sólo amplíe los negocios bilaterales sino que utilice esa formidable red como plataforma para su lanzamiento a otros mercados.
Pero hubo otros dos resultados interesantes.
Primero, la forma como aquí se ha coincidido con varias definiciones transmitidas de modo enérgico y persuasivo por Bachelet desde la apertura económica inteligente a los beneficios de la globalización, o desde el requisito de flexibilidad exigible por la integración, a la eficiencia de los tratados de libre comercio y que hasta ahora han sido objeto de un debate encarnizado dentro de la propia izquierda autóctona.
Segundo, la aceptación que de una paradoja hizo la presidenta chilena y su decisión comprometida de resolverla lo más pronto posible. La paradoja la conocemos todos: pese a estar a la cabeza de la apertura económica, Chile es uno de los países con menor comercio interregional; los acuerdos con Uruguay demuestran que el compromiso de cambiar esa situación es verosímil.
Bienvenida, mujer.
Qué bueno si, además, su presencia ayuda a desanudar el lío en que por acá nos hemos metido, gracias a una bizantina discusión a la que se pretende dar un estatus ideológico.
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