Una llave
He hecho una desgraciada comprobación. En este país somos capaces de provocar una polémica por las razones más disparatadas, absurdas, inexplicables y estúpidas que se pueda imaginar.
La que ahora ha logrado distraer a unos cuántos entre ellos yo, lo cual me mortifica el alma pues demuestra que no es excesivo llamarme idiota circunstancial- remite a una llave que cada año se entrega en Punta del Este a alguien supuestamente relevante sólo a fines de la promoción del balneario. Aclaro que este tipo de relevancia, en realidad, es improbable como algo más que una ilusión y, en todo caso, remite a expectativas de una pobreza cultural aplastante.
Ahora bien, ¿por qué, aun con tan poco sustento de seriedad y valores respetables, esa llave ha vuelto a causar revuelo?
Porque el elegido por la Comisión Organizadora del Aniversario de Punta del Este para recibir el famoso adminículo, que hoy le quema las manos y algo más al intendente de Maldonado, ha sido Jorge Rial.
¿Quién es Rial?
No creo que valga la pena el esfuerzo, aunque fuese mínimo, de hacer una reseña de su trayectoria.
Además, el problema no es Rial, como no lo fueron antes Susana Giménez, ni Mirtha Legrand, ni empresarios brasileños de dinero abundante y nombre olvidable, ni Laetitia D’Arenberg, ni el propio Carlos Páez Vilaró.
El problema es que alguien haya tenido la idea de entregar, por meramente simbólico que el acto sea, nada menos que la llave de Punta del Este a la búsqueda de que esa sublime tontería atraiga más turistas y divisas al país.
Hay momentos en que uno quisiera vivir en otra parte, lejos. Hay momentos en que a uno lo agarra la pataleta irrefrenable de decir que es turco, o esquimal, o senegalés. Hay momentos en que uno siente la necesidad de que lo despierten, porque supone que ha sido hipnotizado por Tony Kamo o ha padecido una horrible pesadilla escuchando cantar a Osvaldo Laport.
Este es uno de esos momentos.
¡’Garrá lo’ remo’!, diría Ruedita.
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