Abrir la boca
Me refiero obvio, aunque no lo parezca a hacer ese movimiento físico para expresar una información o decir algo. O sea para hablar.
Me incomoda un hecho objetivo. Cuando debo plantear esta cuestión es siempre por lo mismo: alguien habló de más o alguien habló de menos, o quizás ambas cosas a la vez, especialmente sin coordinar entre sí. Entonces el discurso sale partido, contradictorio, paradójico, inverosímil, porque, vaya curioso aspecto de la realidad cotidiana, uno y otro han hablado de lo mismo.
Por eso sería buena cosa que todos pensaran un segundo más antes de abrir la boca. Por eso, además, desde el gobierno salen, dos por tres, señales que inesperadamente chocan entre sí y dejan pasmado a unos cuantos. Entre ellos a mí.
Días atrás el precio del petróleo repitió un vuelo a las nubes, batiendo otro de sus propios, presuntos límites. De inmediato, el subsecretario de Industria, Gerardo Gadea, dijo a LA REPUBLICA que es inminente un aumento de los combustibles, decisión que, si bien aún requiere análisis, ya había merecido consultas entre varios sectores del Ejecutivo.
Casi en el mismo momento, aunque en otro escenario, el ministro de Economía, Danilo Astori, aseguró que el gobierno «no tiene sobre la mesa un nuevo ajuste de los combustibles».
Si se estuviese hablando de las causas por qué el River de Carrasco no le puede ganar a los grandes del fútbol uruguayo, o de si fue desproporcionado que la dueña de una perrita, violada por un pastor alemán, exigiese una indemnización por el ultraje, vaya y pase. Pero se trata de información esencial a la economía del país, en general, y a la de cada uno de sus habitantes, en particular. Ciertamente, queremos saber qué va a pasar sin sospechas de duda. Y una vez más lo que se ha hecho, está claro que sin intención pero por una vieja y mala costumbre, es confundir a un pueblo.
¿Qué pasó con aquella idea del vocero oficial? ¿Tampoco entró en esta Rendición de Cuentas?
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