PROYECTOS ENFRENTADOS, RESULTADOS COMPROBADOS

En el primer acto público del Frente Amplio, el 26 de marzo de 1971, el Gral. Líber Seregni en su discurso, expresaba: «Somos el Frente Amplio, una afirmación pacífica»… «la única fuerza que puede asegurar la pacificación que todos ansiamos». Con esas y otras frases, Seregni ponía el acento en la vocación y el papel del Frente Amplio, su compromiso pacificador y democrático, respondiendo a la confrontación de los dos proyectos de país que constituían el cruce de caminos de la época.

Lamentablemente, poco después vendría el golpe de Estado, la disolución de las Cámaras, la persecución y la violación sistemática de los DDHH por parte de las FFAA. La violencia se imponía y con ella, la otra visión, el proyecto autoritario basado en la represión, el miedo y el avasallamiento de las libertades y garantías de los ciudadanos.

En la actualidad, en el marco de una sociedad democráticamente consolidada, con un funcionamiento institucional pleno y muy lejos del empantanamiento económico y político de aquél Uruguay del pasado, muy otra es la realidad y muy otra es la discusión.

Tan diferente es la situación, que justamente la fuerza política más combatida y perseguida en el pasado, es hoy la opción mayoritaria en el país, la que ejerce un gobierno nacional con realizaciones nunca esperadas por sus adversarios y la que, para colmo, ha conseguido encaminar un proceso de estabilidad, confianza y crecimiento, como no se conocía desde hace muchas décadas en Uruguay.

La cuestión ya no es entre «la libertad y el despotismo», por supuesto. Hoy, tranquila y democráticamente en el Uruguay de nuestros días se trata de discernir cosas muy diferentes, entre dos visiones del país muy distintas: «El Uruguay de la inclusión social» por un lado y «el Uruguay excluyente» por otro, un proyecto de país inspirado por la izquierda y otro, sustancialmente distinto, por la derecha.

Pero el presente nos brinda una magnífica oportunidad, una ventaja adicional para el análisis de estos proyectos enfrentados: ambos han sido puestos en práctica, demostrados en la realidad. No en igualdad de condiciones, es cierto. El de la derecha, se aplicó sistemáticamente durante los 20 años posteriores a la recuperación democrática. El de la izquierda, en apenas 3 años y unos pocos meses, que es lo que el Frente Amplio lleva en el gobierno. Pero, las diferencias son tan notorias, que es bueno que veamos algunos capítulos a modo de ejemplo.

Durante 20 años, los gobiernos compartidos entre blancos y colorados prescindieron de la aplicación de políticas sostenidas de asistencia, desarrollo o de atención a las realidades más acuciantes de la pobreza extrema e indigencia en el país. Según ellos, el crecimiento económico por sí mismo, como una fuente, derramaría recursos y oportunidades, incluso para aquellos ciudadanos más pobres. Nos dijeron que ese era el camino, el crecimiento y el mercado, y que nuestra propuesta era un disparate dirigista, una alternativa inútil, dilapidadora de recursos.

En estos tres años, nuestro Ministerio de Desarrollo Social implementó el Plan de Atención a la Emergencia Social con sus diversos programas de políticas de impacto, se destinaron más de 200 millones de dólares a esa finalidad y se consiguieron resultados sumamente relevantes y beneficiosos para toda la sociedad, ampliamente reconocidos a nivel internacional.

Durante 20 años de blancos y colorados no existió ni un compromiso político ni un aumento sustancial de los recursos para la educación. Cada presupuesto fue una batalla, las rendiciones de cuentas frecuentemente eran de «gasto cero» y todo el sistema educativo público vivió un proceso de penurias y creciente deterioro.

Con la presente Rendición de Cuentas, el gobierno del Frente Amplio ya aseguró el cumplimiento de su compromiso político de destinar el 4,5% del PBI en recursos para la educación. A fin del período el monto ascenderá a más de 1.500 millones de dólares. Es más del triple del volumen de recursos que se asignaba a la educación cuando este gobierno asumió. Es la demostración histórica de un compromiso y de un objetivo, que se consideraba imposible.

Durante 20 años, nuestra salud pública languidecía, el Hospital de Clínicas se caía a pedazos, el sistema vivió en crisis, con mutualistas fundidas y el personal en conflicto, existía una enorme porción de nuestros compatriotas sin cobertura efectiva de su atención en salud. Nuestra propuesta de reorganizar todo el sistema fue rechazada y descalificada. Se dijo que convenía dejar todo como estaba, que el mercado se encargaría de depurar el sistema y las posibilidades de acceso al mismo.

A poco de la puesta en funcionamiento del nuevo Sistema Nacional Integrado de Salud han ingresado al mismo más de 400.000 niños, con una mejora sustancial de la cobertura asistencial, se ha fortalecido y apoyado con recursos la estructura pública, se ha estabilizado el sistema mutual y se ha avanzado en la calidad de los servicios, se ha mejorado sustancialmente el salario de todos los involucrados en el sistema.

En los últimos tres gobiernos se rechazó la negociación colectiva, se promovió la desregulación, el Estado se desentendió, creció la tercerización y la precarización del empleo, se atropellaron derechos sindicales. La explicación fue que capital y trabajo debían relacionarse sin interferencias, que el elevado desempleo era propio de las limitaciones estructurales del país y que, para ampliar el mercado, había que desregular y liberar en materia laboral, no había otro camino.

En estos tres años, hemos legislado en materia de tercerizaciones, fueros y libertades sindicales, créditos laborales, servicio doméstico y trabajadores rurales, se reinstaló la negociación colectiva y los Consejos de Salarios, con fuerte presencia y compromiso del Estado. Para sorpresa de algunos, el desempleo se ubicó en el menor guarismo desde que comenzó a medirse, se crearon 170.000 nuevos empleos, aumentó el salario real y se conquistó, el récord histórico de personas empleadas en el país y de afiliaciones al BPS.

Por último, elección tras elección, blancos y colorados dijeron que si ganaba el Frente Amplio se produciría el caos económico, la desconfianza y la fuga de capitales, se extinguiría la inversión. Advirtieron acerca de nuestra incompetencia para el manejo de la economía y en particular, sobre nuestra total irresponsabilidad fiscal.

La profecía resultó tan ridícula como falsa. En este gobierno de izquierda, se ha registrado la mayor cifra de inversión privada de que se tenga memoria, hay una enorme cantidad de proyectos de inversión por ejecutarse, el país crece a un promedio inédito del 7% anual, las exportaciones de bienes y servicios superarán este año los 10.000 millones de dólares, en el marco de un proceso de industrialización como no se recuerda en el país. Todo ello, con un impecable manejo macroeconómico y una intachable conducta fiscal.

Es cierto, hay dos proyectos enfrentados, pero por suerte para los uruguayos, los resultados de ambos ya están comprobados.

|*| Senador Nuevo Espacio FA

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