Cantidad
Uruguay todavía pelea por resolver problemas gordos y pesados; tan cierto como que la solución de uno solo de ellos sería casi un milagro que cambiaría el horizonte.
Ese casi milagro tiene que ver con las cantidades.
He conjeturado con mi habitual admisión de la posibilidad de estar equivocado- que menos es mejor que más.
Si pensamos en la descentralización, la historia me respalda. Cuantas más dependencias se crean lo único que se expande es la burocracia. Acercar los servicios del Estado a la gente no exige la multiplicación de sus oficinas; hay sitios donde habrá que crearlas porque no están y hay otros donde habrá que cerrar algunas, porque son demasiadas. O sea, menos cantidad, más eficiencia. Ah, pero ir hacia ese lado, tal cual lo han sugerido integrantes del propio gobierno, implica modificar la forma y el sitio donde se reparten los recursos. Y voluntad política para arrasar a esos monstruos glotones y devastadores, los burócratas, que devoran a la nación.
Si observamos al Poder Legislativo, ¿qué cambia? Uruguay ya no resiste un parlamento bicameral. Es tan sencillo demostrarlo que me permito renunciar al abundamiento sobre tamaña obviedad. De nuevo: para ir por ese lado, tal cual entre bambalinas aceptan muchos dirigentes de la izquierda, también se necesita voluntad política y modificar la Constitución.
No hay caso, las cantidades son la clave.
Buceando en comparaciones he hallado una semejanza con el fútbol. El número de jugadores por equipo, establecido hace décadas, se relaciona con el espacio disponible y con el reglamento; el reverso serían esas luchas grecorromanas llamadas «fútbol callejero», que aún se perpetran, o algunos picados, casi promiscuos, que sobreviven en canchas de barrio para ganar un asado, de los cuales participan catorce o quince de cada lado: en ambos casos resaltan el entrevero, los golpes y la ineficiencia.
¿Será tan mala idea pensar en cantidades antes que en otra cosa?
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