Equilibrio
Todo es equilibrio. Y para que haya equilibrio es necesario tener, como se dice no sólo en fútbol sino también en política, cintura.
Afortunadamente, mucha gente de la izquierda hablo de quienes tienen responsabilidad de diverso tipo en este gobierno ha ido logrando un sólido consenso acerca de que primero se arma el programa y luego las candidaturas.
¿Qué programa? No es una pregunta ociosa ni impertinente. Hubo un programa cuando el Frente llegó al gobierno; luego, lo que ha habido es una experiencia acumulable que debería demostrar hoy si fue posible, o lo será al fin de la administración, respetar los compromisos asumidos. Están quienes ya han dicho que sí, están quienes ya han dicho que no; y están los que en este asunto han decidido quedarse en el medio: ni tanto ni tan poco.
Tamaña realidad, incontestable más allá de los matices de la subjetividad, obliga a entender que un programa que ahora será uno nuevo, el segundo dejará satisfechos a todos si, para llevarlo a cabo, se apela precisamente a aquella experiencia acumulada y se le otorga rigidez moral pero suficiente flexibilidad de ejecución, como para que sea algo pragmático y no una entelequia que termina separando a la cúpula dirigente de las bases.
Parece fácil decirlo. No es sencillo hacerlo.
No se trata de que yo sepa cómo. A lo sumo, mi aporte podría resumirse en el recuerdo de Wimpi, quien decía que «todo está bien como está, porque todo se necesita». Pero lo relevante, y gracioso, era el ejemplo que ponía, hablando de la madre naturaleza: la vaca tiene cuatro mamas pese a que, generalmente, pare un solo ternero; y la chancha tiene trece mamas pese a que, casi siempre, da a luz quince chanchitos. Pues bien, según Wimpi es para que al tipo no le falte nunca su café con leche ni su lechón.
¿Eso es flexibilidad?
A veces la chancha deja mamar a un perro o un gato; será porque tuvieron que pasar a degüello, antes de lo previsto, a algún lechoncito.
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