Escrito por: Por Antonio Pippo
Hace unos días usé en sentido figurado la idea de un buzo abrigado, protector, para definir los avances de la seguridad social. En igual sentido, aludí a que, a veces, a esos buzos se les escapa algún puntito. Poca presteza en la reparación puede causar un desastre.
La razón fue algo de lo que me enteré. Derogado este mes el beneficio de la “asignación familiar monoparental”, que hasta ahora rigió para jefas de hogar con hijos a cargo y sin trabajo estable, se sustituye por la “asignación familiar especial”, a percibirse mes a mes y, en ciertos casos, con un aumento. Ocurre que a una señora en tal situación, cuyo único ingreso son dos pensiones alimenticias por poco más de tres mil pesos, se le negó, hasta el momento sin explicaciones, ese beneficio.
En paralelo he incorporado dos datos que supongo veraces: por un lado, serían téngase en cuenta la delicada y respetuosa utilización que hago del condicional- varias las situaciones de este tipo; por otro, quienes recibieron esa asignación automáticamente habrían sido los beneficiarios del Plan de Emergencia.
Mientras sigo aguardando que el BPS dé señales de vida y pruebe cuánto lo deseo que estoy mal informado, es imposible evitar un cosquilleo de incomprensión. Lo que he relatado, o mejor dicho reiterado, no se ajusta cabalmente a lo que en su momento se dijo de atender a los más desposeídos con el nuevo régimen de asignaciones. Es muy complicado, al menos para un tipo común y simple como yo, entender de qué forma se alcanza un objetivo tan compartible dejando afuera a quienes viven en las condiciones de la señora a cuyo caso me he referido.
Cabría continúo pudorosamente usando el condicional la posibilidad de una inadvertencia mía. También de que haya sido informado erróneamente, aunque sin intención aviesa ni para aprovechar mi ingenuidad.
En fin. Se verá. Ya voy por el segundo capítulo de la historia del buzo al que se le puede haber escapado un puntito.
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