No es tan fácil
¡Qué feliz se va a poner el sordito Malvacea! exclamó Epifanio, dejando a un lado el diario y aspirando ruidosamente la copa de caña con uva chinche.
¿Por? preguntó el Facha Ruiz, que husmeaba debajo de sus brazos porque percibía algo raro y espeso en el ambiente.
Hay un proyecto de ley para que los noticieros de televisión pongan sobre impresos y los sordos se enteren de todo. Lo presentó Novales aclaró Epifanio, que volvió a agarrar el diario para abanicarse.
¿No vale cuánto? quiso saber el Negro Collazo.
Epifanio levantó la voz: -¡Novales, Gonzalo! Es el apellido… ¡Novales! Lo que pasa es que vos comés más eses que guiso de lentejas…
’Ta loco’ saltó Ruedita. -¡Va’ntrevera’ la’ baraja’!
El Chiquito Otegui ni lo oyó. Miraba a Epifanio, que le hacía señas para que le sirviera la segunda: -¿Qué mierda querés? Mirá que te doy querosén… ¿Soy sordo también? Y hablando de eso… No sé si las cosas son tan sencillas…
Es más sencillo que la lengua de señas insistió Epifanio.
¿La lengua hace seña’? se sorprendió Ruedita. Yo le conocía virtude’, pero ¿seña’? Me dejá helao…
Lo que quiero decir aclaró Otegui- es que no es como en las películas, donde hay pausas y, además, en la traducción se ahorran algunas palabras. Si los sobreimpresos van a la velocidad del Aldo Silva, por ejemplo, los sordos se van a volver locos para leer todo…
¿Qué te jedi? Ruedita sonrió, triunfal. -¡Novale’ va’ntrevera’ la’ baraja’ y nadie’ va’ve’ lo principá!
¿Qué sabés vos de lo principal? lo encaró el Facha, que regresaba del excusado, donde se había restregado las axilas con diarios viejos.
El Chiquito siguió: -¿Me entendés? Los sordos, con las señas, sintetizan. Un sobre impreso hay que leerlo completo para entender. Y si se habla muy rápido…
¡Van’olvidá lo principá…!
¡¿Y qué carajo es lo principal, si no es la noticia?! estalló Epifanio.
¡Cómo mueve la trompita la del cuatro y la’ caidita’ d’ojo’ e’ la Fernandita del doce!
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