LOS EJES DE MI CARRETA
De nada vale volver a llorar sobre la leche derramada. Es decir: conviene no perder mucho tiempo en buscar culpables (que los hubo) del formidable atraso de Uruguay en materia energética. Nos hemos ocupado largamente en ello desde que decidimos llamar la atención pública sobre el enorme riesgo que veníamos corriendo. Lamentablemente la vida, con sus dados a veces cargados, nos dio la razón y hoy estamos ante un gran problema que, sin embargo, ofrece soluciones viables «gracias» a que somos un país pequeño.
Pero la primera de esas soluciones es tomar conciencia plena del enorme cambio que sufre el planeta. Y de la urgencia de las medidas que ante él debemos tomar (otros ya las han tomado hace muchos años).
Los uruguayos, especialmente, debemos comprender que ante lo que viene sucediendo, nuestra lentitud o nuestra escasa velocidad intermedia, pueden resultar fatales.
El tiempo apremia. Debemos evitar demoras aún a riesgo de cometer errores que siempre serán un mal menor ante el daño de toda espera.
A veces las revoluciones las hacen los hombres, a veces ciertos grandes descubrimientos científicos, a veces las crisis…
Estamos ante cambios forzosos e ineludibles incompatibles con trámites y expedientes que arrastran la espesa velocidad de cansinas y chirriantes carretas folklóricas. Debemos abandonar el vicio musical del sonido de sus ejes resecos.
Esa sería la primer gran medida. Como se ve es muy barata, no tiene costo… Pero todos sabemos que tal vez sea la más difícil de alcanzar porque la crisis energética específicamente uruguaya estuvo y está principalmente en las neuronas. Es médica.
La llamada Ley de Marco Regulatorio aprobada en 1997 y contra la que opusimos entonces nuestros votos e intentamos someter a referéndum derogatorio (sin éxito), le quitó a la UTE el monopolio de la generación de energía eléctrica (abriendo dicho campo a las iniciativas privadas) y también, pero en cierta medida, el monopolio de la distribución dejando en sus manos el de la transmisión de dicha energía.
Nosotros hoy exigimos que dicha Ley, de hecho incumplida, se cumpla. Para ello son indispensables varias medidas administrativas que desde hace tanto tiempo aún no se han tomado… Como puede verse, en Uruguay la Ley no siempre manda o, aunque mande, no siempre se cumple y, a veces, basta con no poner un sellito en un papelito. Ya lo hemos explicado en otras oportunidades al referirnos al portentoso peso que acá tiene la burocracia.
Pues bien: ahora nos acusan de neoliberales. Y de haber cambiado. Lo dicho anteriormente respecto a los ejes desengrasados de la carreta tiene mucho que ver con esto.
Cuando la Ley de Marco Regulatorio fuera aprobada, el barril de petróleo oscilaba entre los doce y los catorce dólares.
Hoy ronda los ciento cuarenta y eso, nada menos, fue lo que cambió. Las pocas neuronas que nos van quedando (dos o tres coágulos), fueron duramente golpeadas por ese «fenómeno de la naturaleza» y como ellas suelen aprender algo a los porrazos, fueron cambiando al ritmo de ese precio.
En 1997 y con el barril a catorce dólares era muy fácil sostener el monopolio de la generación ya que si no llovía bastaba con encender motores y eso no salía extremadamente caro. Todavía vivíamos en una frívola, alegre e irresponsable civilización basada en mares de petróleo sin recordar que era finito. Además, por si lo anterior fuera poco, íbamos a traer el gas más barato del mundo, el subsidiado de Argentina, por tres hermosos y largos caños que construímos invirtiendo en ellos doscientos millones de aquellos dólares de otrora (los fuertes). Hoy los tres están vacíos y no sabemos qué cosa hacer con ellos y hasta Argentina trae para su propio consumo (en estas mismas horas) gas por barco. Porque no le alcanza el que tiene.
Pero con los precios actuales del petróleo (y del gas que le viene «chupando rueda») hay una razón banal, evidente, que se cae de madura y por su propio peso: fuentes y formas de la energía que fueron abandonadas porque no podían competir con el petróleo, comienzan a ser usadas ya no sólo por las grandes transnacionales y las empresas nacionales grandes, medianas y pequeñas sino por sencillos vecinos. Ni qué hablar de inventos contemporáneos alcanzados y que se vienen alcanzando por la misma preocupación desatada como alarma y oportunidad.
En Uruguay la leña hace rato (desde la anterior crisis petrolera) que sustituyó a la electricidad y a los hidrocarburos en gran parte de nuestra industria. Y la experiencia fue tan buena que, pasada aquella crisis, la leña no sólo siguió firme sino que muchas de esas industrias plantaron sus propios montes incluso mucho antes del actual «boom» forestal. No dependen hoy de nadie.
Hace poco la Policía allanaba por orden del Juez pequeños talleres mecánicos donde los automovilistas instalaban garrafas comunes de supergás (lo que es un peligro) para coches.
Tampoco hace mucho que en Uruguay florecieron, incluso en pleno Montevideo, sin ley ni control alguno, varias fábricas de biodiesel. Algunas «caseras», otras más sofisticadas… Y que importantes flotas de camión y motores fijos de riego anduvieron y andan al 100% con biodiesel de grasa vacuna.
Los «molinos de viento» vuelven a poblar la campaña (que siempre los tuvo) para riego y para energía eléctrica. Hay edificios que ya tienen en sus techos «molinos de viento» de eje vertical. Y hay empresas y hay pedidos… Se desarrollan espontáneamente una, o varias, nuevas industrias. Y no las podrá parar nadie porque obedecen a una tajante ley de la economía.
Podríamos seguir con esta lista y agrandarla aún más si pensamos por un momentito en lo que está por venir.
¿Y quién controlará que un chacarero fabrique biodiesel para su uso (no es nada difícil) y lo venda a sus vecinos rompiendo el monopolio de Ancap y el de la DGI? ¡Baratísimo si lo comparamos con los precios actuales!
¿Y quién controlará que otro chacarero que genere electricidad con «molinos de viento», paneles fotovoltaicos, alguna turbinita hidráulica o a leña, no la venda o la regale a sus vecinos tirándole un cable? ¿Cuántos nuevos policías necesitaremos para, como en la época de la Ley Seca en Chicago, andar corriendo gente?
Ahorremos espacio: demos un poquito de vuelo a la imaginación: hay otras decenas de formas y maneras de obtener combustibles o generar electricidad que pasan a ser ahora rentables.
Van dos ejemplos de una punta y de la otra: conocemos a cierto vecino que ya anda, con su viejo camioncito, a leña. Conocedor por herencia oral paterna de la tecnología del gasógeno tan usada en Uruguay durante la Segunda Guerra Mundial, simplemente la volvió a aplicar. ¿Qué le dirá el Inspector de Tránsito cuando lo vea pasar? ¿Qué le dirá Ancap?
China usa, y nos ofrece, unas bonitas locomotoras modernas de duraluminio que andan a vapor en base a carbón o a leña… Como en las películas del Lejano Oeste.
No se trata del neoliberalismo. Simplemente se trata del desarrollo incontenible de fuerzas productivas en un momento histórico concreto. O de intentar trancarlas produciendo daño con buenas intenciones y, además, a la corta o a la larga, vanamente.
|*| Senador nacional, escritor
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