La droga de los pobres
Para los «malucos» que están en el negocio de producir o consumir crack, la droga es conocida como «la latita». Su aspiración puede provocar algunos minutos de intensa evasión de la realidad pero al mismo tiempo, generar gravísimas consecuencias orgánicas afectando los pulmones y el cerebro.
La «mala droga» llegó a Uruguay desde Colombia, pasó por Brasil y hoy es adoptada por «tristes pelados del Borro», al igual que en muchos barrios pobres de Montevideo. Más que incipiente, el consumo es considerado por las autoridades como preocupante. No es el fino crack consumido por los pobladores del primer mundo, donde el poder adquisitivo permite calentar una cantidad de cocaína pura suficiente para lograr la cristalización del producto. Adoptando un símil, los uruguayos con esta droga no están tomando whisky importado, sino que ingieren «alcohol azúl con alpiste».
Los efectos orgánicos de este crack suelen ser destructivos al introducirse a través de las vías respiratorias. Los pulmones prontamente quedan dañados y se provocan grandes trastornos en el cerebro.
Está siendo la adicción preferida de los más pobres, según se informó a LA REPUBLICA desde distintos centros vinculados a la problemática. La droga se caracteriza por ser potente, de rápido impacto y al tener un efecto de corta duración, provoca en el adicto la necesidad de un nuevo consumo. La dosis tiene un costo aproximado de $ 40, mientras que un gramo de cocaína pura cuesta $ 200.
La organización El Abrojo, a través de su programa «El Barrilete», que procura la reducción de riesgos y daños en el consumidor en el barrio Casavalle, detectó que hace un año el crack se introdujo en esa zona. Prontamente fue adoptado por muchos marginados que dejaron de lado la inhalación de pegaprén a fuego lento y optaron por aspirar el humo de la droga mientras el producto se calentaba en una lata de refresco.
El crack de usual consumo en Centro América, está hecho con la denominada «pasta base» de la cocaína, (con restos impuros de la droga) cortada o mezclada con amoníaco o bicarbonato de sodio, productos que se pueden comprar en una farmacia sin la obligación de presentar una receta médica.
Estos elementos son calentados por ejemplo en una cuchara con un mechero o encendedor hasta que se pueda formar una bolita con la pasta que luego es colocada de una lata de bebida y se vuelve a calentar. Luego de unos minutos se escucha el característico ruido «crack , crack» de la cristalización. El humo producido es lo que se inhala.
De acuerdo a lo informado por la Junta Nacional de Prevención del Consumo de Drogas, el crack generalmente es consumido por grupos que «se pasan» la lata. El efecto es inmediato, dura unos pocos minutos y provoca en las personas actos compulsivos.
Como con otras drogas, pero en este caso más que nada por la necesidad de repetir la dosis, la adicción lleva a algunos a «robar o vender lo que tengan» a fin de poder comprar el producto.
A pesar de lo presuntamente placentero que puede ser para quien la consuma, sus efectos negativos tiene serias repercusiones sobre la salud del individuo. La memoria y el aparato respiratorio son los más dañados.
Se genera una insuficiencia respiratoria denominada «pulmón de crack», provocando una neumonitis química y aparecen problemas respiratorios graves.
Fredy Da Silva, director del centro de rehabilitación Izcalí, indicó a LA REPUBLICA que en poco más de una semana, la persona que consume crack, puede convertirse en dependiente.
Desde la Junta Nacional contra la Droga, se especificó físicamente, el adicto experimenta grandes adelgazamientos, pérdida del apetito, acompañado por un deterioro físico generalizado.
El organismo estatal entiende que el crack no demorará en extenderse en la población, (ya se instaló en las zonas rojas) afectando ya a adolescentes y jóvenes carenciados que por la desnutrición y la inadecuada alimentación tienen sus defensas bajas. Otros de las consecuencias del consumo, son las quemaduras experimentadas en la boca y la nariz, debido a la inhalación de la lata caliente.
Los consumidores comienzan además a tener problemas de relacionamiento social y con tal de conseguir la droga, para evadirse de los problemas «son capaces de vender hasta el marco de la ventana de la casa», acotó la psicóloga Andrea Martínez, de la ONG El Abrojo.
Actualmente el mayor consumo de droga en el país es de marihuana, luego le sigue cocaína y en tercer lugar, viene el crack algo alejado pero en aumento.
En muchos barrios marginados existen tres generaciones de consumidores, donde la drogadicción está naturalizada. Usualmente, son los abuelos los que apoyan la recuperación de los adolescentes, mientras que el Estado y las organizaciones privadas recomiendan una vez instalado el daño, plantear un consumo alternativo.
Desde la Dirección de Narcóticos se aclaró que su función es incautar la droga. «El uso de la droga es ilimitada y la única barrera es la imaginación del consumidor», dijo a LA REPUBLICA el subdirector Hugo Zachow.
La «latita», también denominada la «novia», no sólo es utilizada en Casavalle sino que se estima que llegó a otros barrios de Montevideo.
Desde hace unos meses, las dependencias de Salud Pública comenzaron a recibir a intoxicados por crack, quienes debieron ser internados para recibir tratamiento.
Por su parte Da Silva, director de Izcalí, afirmó que se trata de una ironía a la rioplatense, llamarle crack, «a esta sustancia barata, ordinaria y adictiva». Sostuvo que «pega fuerte», y provoca agresividad, delirio y alucinaciones en el consumidor. «Esta es la droga de los pobres; los ricos no la utilizan porque es mala», sostuvo el técnico quien afirmó que este producto traerá problemas para Uruguay.
El presidente del Instituto Nacional del Menor (Iname) Martín Marzano reconoció la incidencia negativa que esta droga tiene para los adolescentes. Anunció que se implementará una reestructura institucional para enfatizar el trabajo de la división de prevención de adicciones. *
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