El virus en casa
Eduardo y Laura son una pareja normal, con los problemas que tiene la mayoría de los uruguayos. A veces les cuesta llegar económicamente a fin de mes, buscan ser felices y por circunstancias de la vida se dedican a ayudar a sus semejantes. La diferencia con otras parejas es que ambos son portadores de VIH, el temible virus del sida.
Eduardo tiene hoy 39 años y hace siete que sabe que es portador.
Como muchos jóvenes encontró en las drogas una forma de vida, se hizo adicto y se vinculó con gente que como él, tenía esa vía de escape. En ese ambiente estuvo largos años hasta que con apoyo profesional pudo salir. Sin embargo el VIH le llegó por la vía sexual y no sabe bien cuál de las mujeres con las que tuvo relaciones íntimas lo contagió. Lo cierto es que desde ese momento su vida cambió para siempre.
Laura, su pareja actual, tiene un año más que Eduardo y su historia con el VIH se remonta a un decenio. La enfermedad llegó a su casa a través de su ex marido que la contagió, a quien acompañó hasta sus últimos días. De ese matrimonio tiene un hija, sana, que hoy cuenta 18 años y a quien también le costó mucho aceptar que la enfermedad estaba entre los suyos.
Laura volvió a casarse, esta vez con un hombre portador de VIH, que falleció siete años después de iniciado el vínculo.
Hoy busca nuevamente rehacer su vida matrimonial.
Laura y Eduardo están medicados y deben cumplir estrictos horarios, pero agradecen que el país tenga un programa capaz de costear los fármacos que de por sí son muy caros.
Eduardo cuenta que de muchacho era un buen estudiante y un mejor deportista, pero luego de 1995 cuando le detectaron el mal llegó a pesar unos 40 kilos, menos de la mitad de su peso actual.
«Vamos a poner el pecho y vamos a vivir», se dijo a sí mismo cuando culminaba un proceso de años de internación a causa de las drogas y se enteraba que otro problema, el del VIH, lo iba a acompañar por el resto de su vida.
«Me costó mucho asumirlo, fue fundamental el apoyo familiar», dice hoy sientiéndose fuerte incluso para ayudar a otros desde su trabajo voluntario de operador terapéutico.
Entiende que la población sienta rechazo hacia los enfermos de sida, básicamente por el temor erróneo a contagiarse a simple vista. Por eso también habla de la necesidad de que las autoridades mantengan campañas publicitarias las que fueron suspendidas por motivos económicos y filosóficos hace un par de temporadas, pero que esta semana se reanudarán. Nunca sintió ser discriminado por otros, aunque tampoco «ando por la calle con un cartel que diga soy portador». De cualquier manera recomienda que si alguno con VIH tiene que salir a buscar trabajo, no es conveniente plantear que se tiene la enfermedad, salvo que se vaya a ocupar una posición de riesgo para otros. «La sociedad aún no está preparada, le falta educación e información sobre este problema», dice.
Comentó también que sabe de empresas grandes que imponen un examen de laboratorio para determinar, antes de contratar a alguien, si ese individuo tiene el virus. Eduardo sostiene que al nombrar la palabra sida, inmediatamente el otro tiende a pensar «qué habrás hecho» y muchos enfermos prefieren mantener el tema en reserva, para evitar ingresar en el capítulo íntimo que los llevó a ese estado.
La historia de Laura tiene otro origen incluso más trágico porque perdió a sus dos esposos anteriores. Sin embargo mira para adelante busca también ayudar a otros. Dice que las mujeres, tal vez por su experiencia, están más expuestas que los hombres a contraer el mal, por la infelidad matrimonial.
«No alcanza con ser una mujer fiel» para no contagiarse, reflexiona.
Coincide con Eduardo en que la sociedad no está preparada para convivir con el VIH, pero reconoce que hubo avances porque antes había más miedos.
Hoy trabaja atendiendo una biblioteca en la propia sede de enfermedades infecto contagiosas, brindando un servicio que le gusta y que sabe que le hace bien a pacientes y familiares de portadores.
A Eduardo y Laura se les ve bien y son optimistas respecto al futuro.
Dicen incluso que el sida hoy, no es sinónimo de muerte. *
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