HOY JUCECA

En el obelisco no anidan los horneros

El escritor brasileño Guimaraes Rosa, en su libro «Menudencias», observa que: «El hombre, cada vez que construye un túnel, le pone una montaña arriba». De la misma manera, los montevideanos solemos hacer una calle y ponerle algo en el medio. Tal lo que se observa en Bulevar España, donde por obra y gracia de alguna ordenanza de la época, se impone, en el medio mismo de la importante vía de tránsito, un ombú. Otro ombú famoso es el de Ramón Anador, y creo que es en la calle Pando, allá por el Reducto, que hay una vieja palmera en el medio de la calle.

Otro tanto ocurre con el monumento a La paz, o a la Libertad, ubicado en el medio de la Avenida 18 de Julio en el momento en que esta divide la Plaza Cagancha. Los argentinos, por su parte, ubicaron el afamado y súper voluminoso Obelisco, en el medio de la legendaria Avenida Corrientes en su cruce con la 9 de Julio. Con el tiempo, para evitar que le escribieran consignas con aerosol, le pusieron un enrejado de un par de metros de altura. El Obelisco porteño quedó, entonces, dentro de una jaula. Dicen que mucha gente lo va a visitar y le tira galletitas, pero esto es poco creíble. Nosotros lo pusimos en la boca de entrada al Parque de Los Aliados, pero tuvimos el buen tino de dejarlo en la orilla del Bulevar Artigas. Además nuestro obelisco es bello, es fino, es de granito, fue erigido en homenaje a los Constituyentes de l830, y tiene en sus lados figuras de bronce representando valores que les son caros a nuestra nacionalidad, y que no recuerdo cuales son. Está en el medio de una bella fuente bañado por chorritos que se elevan hasta ir a caer contra su base, y además está rodeado por doce bolas de granito que milagrosamente nunca se las afanaron. Deben estar soldadas al piso, de lo contrario sería difícil resistir a la tentación de llevárselas rodando. Pienso ahora, y me da un poquito de vergüenza, que no sé de qué granito está hecho nuestro Obelisco. Sé muy bien, siempre lo supe, que hay varios tipos de granitos, a saber: granito auritico o granitela, granito porfiroide o grandular, granito neísico, y granito orbicular. Es lamentable que uno sepa todo esto, y no sepa de cual de ellos está hecho el Monumento a Los Constituyentes. Es verdad, también, y esto no debe ser interpretado como un elogio a la ignorancia, que si supiera lo que no sé sobre el granito del Obelisco, mi vida no hubiese sido muy diferente. Difícilmente me hubiese servido para conquistar a una chica. No creo que ninguna mujer sea deslumbrada por un tipo que la para en 18 y Bulevar y le señala el Obelisco y le dice: «¿Ve? Ese Obelisco está hecho con granito porfiroide, y si alguien mañana le dice que es de granito grandular, desconfíe y trate de retirarse porque es un embaucador que vaya usted a saber con qué intenciones se le acerca para sacarle el tema del Obelisco, pero si cruzamos a tomar un café le explico algo más sobre ese mineral». Ahora, cuando termino de escribirlo, pienso que quizás sí, quizás me hubiera dado algún resultado. Son muchas las mujeres que se quejan de los tipos que son incapaces de sacar una conversación interesante, y se me ocurre que el Obelisco puede ser un buen tema, y eso sin entrar (en tal caso en el segundo café), en las connotaciones que se le pueden encontrar con lo fálico. Lo que pasa, y de ahí mi ignorancia sobre el material, es que a mí los monumentos no me interesan, Es más; me parecen bobos. En realidad, debo confesarlo, prefiero el ombú a cualquier obelisco por famoso que sea. Nunca vi un pájaro haciendo nido en una horqueta del obelisco.

Ni un hombre tomando mate a la sombra del obelisco. Ni a un niño jugando trepado a las ramas del obelisco. Ni vi parejitas de novios sentados en las raíces del obelisco. Ni a una viejita protegiéndose de la lluvia bajo la copa del obelisco. Ni lo vi que se brotara en primavera. ¿Se ha visto algo más inútil que un obelisco? Sí; dos obeliscos. En cambio el ombú… ¡Ah, el ombú! Por eso, cuando lo veo plantado en el medio del bulevar, tiemblo al pensar que alguien lo pueda atropellar.

Viejito como está, no creo que, frente al peligro de un camión que se le viene, tenga la agilidad suficiente como para saltar a la vereda. Si yo tuviera lugar en casa, una noche de estas me lo traía. Eso sí, después te quiero ver. ¡Quién lo aguanta al intendente Arana si le tocás el ombú! Sin embargo, fíjese usted, en el patio de casa estaría más seguro. Y yo, más acompañado. Mucho más, sin duda, que con un obelisco. ¿De qué le vas a conversar a ese zocotroco de piedra? En cambio, a un ombú… ¡Ah, un ombú! *

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