CONCLUYE SIN MAYORES RESULTADOS LA CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE SIDA

Sin esperanza

La clausura a cargo de dos grandes líderes internacionales como los ex presidentes norteamericano Bill Clinton y sudafricano Nelson Mandela, la participación más masiva de todas las registradas hasta la fecha y el «elevado nivel científico de los debates», permitieron a los organizadores esquivar la palabra «fracaso» a la hora de hacer el magro balance.

Clinton calificó a la epidemia del sida de «amenaza para la seguridad» de todo el planeta y aseguró que «no podemos perder esta guerra», a la vez que en el discurso de clausura aprovechó para comprometerse en todas sus reuniones con los líderes políticos a pedirles «más compromiso y acción» para atacar la epidemia.

En cambio, el líder en defensa de los derechos humanos y ex presidente sudafricano, Mandela, instó a que se entienda que la epidemia de sida «nos afecta a todos» y alertó que si esto se ignora «no tenemos derecho a decirnos seres humanos».

Durante los seis días que duró la conferencia se celebraron 16 sesiones plenarias, más de 300 conferencias y 5.000 presentaciones de carteles de campañas contra la epidemia.

Fue presentado, como último avance, el T-20, un nuevo fármaco inhibidor de fusión que reduce «significativamente» la presencia del virus en los enfermos de sida, y que está indicado para pacientes con resistencia a la medicación actual. A excepción de este T 20 de Roche, el único capaz de impedir al virus de introducirse en las células, el arsenal medicinal no vio grandes novedades que lo enriquezca.

El desarrollo de las vacunas del sida «sigue ocupando un lugar secundario en la inversión en investigación y en los programas de las conferencias científicas. Es cierto que la vacuna tardará en llegar, pero lo hará más, cuanto menos dinero e implicación social y política se dediquen ahora», condenó Red2002, portavoz de las ONG de habla hispana.

Las ONG e investigadores insistieron en denunciar –las primeras incluso recurriendo a manifestaciones y acciones violentas– que la mayoría de infectados por el VIH viven en países pobres y no tienen acceso a los tratamientos antirretrovirales, por lo que están condenados a una muerte segura.

La Conferencia de Barcelona quedará marcada por un continuo malestar manifestado por las ONG que no dudaron algunas en movilizar a sus militantes para destruir stands de laboratorios para protestar contra el elevado precio de los tratamientos; abuchear a representantes de países ricos o clamar por una mayor atención por parte de los gobernantes. Los casi 16.000 participantes –abonados al foro tras pagar un tiquet de U$S 850, el precio de dos triterapias anuales en Africa– escucharon hablar desde el primer día del fondo mundial de las Naciones Unidas que debe recibir U$S 10.000 millones por año y que hasta ahora apenas cuenta con U$S 2.000 millones en su caja.

En vísperas de la clausura, el enviado de la ONU en Africa para el sida, Stephen Lewis, calculó que el mínimo moral que piden las ONG para luchar contra la epidemia de U$S 10.000 millones anuales «se tendría que multiplicar por dos o por tres hasta llegar a los 30.000 millones». Las ONG lamentaron que la cumbre termine sin un verdadero compromiso político por parte de los países ricos y de garantías de financiación para los programas contra la epidemia.

El portavoz de los enfermos, Shon Mellors, fue el más crítico en el estrado donde se realizaba el balance final y recordó que «en los seis días que estuvimos debatiendo murieron 48.000 personas». *

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