Proyección negativa
Este panorama afecta principalmente a las grandes ciudades latinoamericanas, y Uruguay no es ajeno al estigma.
Turismo sexual de niños, pornografía infantil a través de Internet, abuso contra menores y la denuncia de omisión de la clase política en aprobar el Código del Niño, fueron los puntos centrales de la conferencia sobre «Abuso y Explotación Sexual Comercial y no Comercial en Niños y Adolescentes».
En tal sentido, el Instituto Nacional del Menor (Iname) detectó más de 200 casos de abuso sexual contra menores desde 1999 hasta la fecha, lo que representa el 4% de la totalidad de las denuncias recibidas por el organismo a través de la «Línea Azul». De cada 3 niños abusadas sexualmente, uno es varón.
La presidenta del Instituto Nacional de Bienestar Familiar (Inabif) del Perú, Violeta Bazán, invitada especial al encuentro, informó que en su país es común la práctica de turismo sexual en ciudades como Lima y Cuzco. Unos 500 mil niños son víctimas de estas prácticas aberrantes, lo que representa el 7% de los menores.
La diputada Daisy Tourné afirmó que en América Latina el turismo sexual es proclamado y difundido como uno de los mayores atractivos turísticos, en el que Uruguay no es la excepción. Propuso como estrategia, interactuar y trabajar con los promotores turísticos para «erradicar definitivamente este horror.»
Turismo sexual on line
Aseguró que en las páginas de Internet es posible encontrar promociones de turismo sexual en muchos países latinoamericanos.
Enfatizó que Uruguay en deuda con respecto a la aprobación de normas, ya que la Cámara de Diputados aprobó el Código de la Niñez pero aún el Senado está omiso en el tema.
Por su parte, la diputada Beatriz Argimón advirtió que Uruguay no está ajeno a estos temas, por lo cual es necesario afianzar a través del sistema educativo, los conocimientos sexuales capaces de prevenir los abusos y comercialización de menores.
Acotó que cuando una niña permanece en situación de calle, «previamente cuidó a sus hermanos, cocinó y fue víctima de abuso sexual».
La directora del Instituto Nacional del Menor (Iname), Stella López manifestó que las herramientas utilizadas para la lucha y prevención de la explotación sexual comercial, son sanciones y multas por parte del Departamento de Espectáculos Públicos. A partir de esta tarea se detectó a una menor ejerciendo la prostitución en prostíbulos y también hubo otro caso de similares características.
A través de la línea telefónica «Azul», 0800 5050, se recibieron las denuncias de explotación sexual no comercial, que representan el 4% de las 5.000 llamadas que se recepcionaron desde enero de 1999 a la fecha, es decir unos 200 casos.
Ante esta situación, el Instituto acude al lugar de la denuncia y con la participación de un equipo de psicólogos y asistentes sociales, atiende a la víctima. Estos abusos suelen provenir de la propia familia.
En Uruguay, hay 6 organizaciones no gubernamentales que trabajan con menores que fueron abusados sexualmente. Cada entidad asiste a 20 víctimas
La peruana Violeta Bazán explicó que en su país el abuso y la comercialización sexual es un flagelo cuya inserción está facilitada por las propias características geográficas de su territorio y la existencia de una diversidad de culturas e idiomas.
En Perú, las escuelas para padres cumplen una función prioritaria para la erradicación de estas prácticas aberrantes.
Bazán explicó que en las grandes ciudades latinoamericanas con perfil turístico es una realidad la práctica del turismo sexual.
En Perú, el abuso sexual lo padecen principalmente los menores, donde oficialmente unos 500.000 niños son víctimas de estas prácticas, que representan más del 7% de la totalidad.
Según Bazán, el abusador sexual practica una conducta de dominación y sometimiento, acciones sólo comparadas con el «holocausto o crímenes de lesa humanidad.»
Estos explotadores del turismo sexual consideran a los niños como «objetos de consumo» para satisfacer carencias afectivas, lo que genera en las víctimas un estigma social. La desintegración social y determinados modelos económicos conspiran contra la población más necesitada.
Aseguró que en este fenómeno aparece una triangulación con la participación de víctima, victimario y la madre. En muchos países el delito cometido como infanticidio no se diferencia desde el punto de vista legal con el filicidio, «donde el niño es privado de la vida por parte del padre», acotó Bazán.
En Perú, las niñas son mayormente quienes experimentan del abuso sexual comercial, existiendo una relación de 3 casos a 1 en comparación con los niños. El 40% de los menores que ingresan a unos de los principales hogares del Inabif, lo hacen por abuso sexual, y de este porcentaje, el 15% padecieron las secuelas de la propia familia. Sin embargo, se entiende que esta incidencia negativa de padres y familiares es aún mayor, debido a una creciente práctica incestuosa. Muchos padres entregan a sus hijas a extraños bajo falsas promesas de insertarlas como empleadas domésticas e incluso suministrándoles un aporte económico. Esta es la vía de ingreso a la red de prostitución. Las autoridades peruanas trazaron un perfil del agresor sexual. Se los define como hombres entre 40 a 60 años, de diferente nivel económico y abusadores de poder. Son personas con baja autoestima, historia de drogadicción, alcoholismo y baja escolaridad. *
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