La visita de un demócrata y un ministro en el banquillo

Juan Mendieta *

 

Dicen que es norteamericano de origen cubano, pero a mí me suena medio raro, con ese nombre tan teutón y ese apellido que cuesta no asociarlo al Tercero… Pero en fin, no hay que prejuzgar, porque además, mire si será importante este delegado de Powell y Bush, que la interpelación se postergó un par de horas de modo de permitir que el distinguido visitante pudiera ser recibido por los legisladores.

Está bien que así haya sido; hay que ser bien educado y cortés con los extranjeros ilustres. Además, tengamos en cuenta que este señor ha venido a elogiarnos el gobierno, la democracia de que gozamos y la política económica que impulsamos. Fíjese lo que dijo: que «EEUU siente admiración y respeto por el gobierno amigo de Uruguay».

¡Aleluya, somos amigos de Bush! Seguramente en su anterior visita a la Casa Blanca, Jorge le preguntó al presidente, como suelen hacer los párvulos: «¿puedo ser tu amigo?», y ahora nos ha llegado la tan ansiada respuesta por medio de don Otto. No me queda muy claro la razón de por qué nos admiran; ¿será por la capacidad lacrimosa de que hace gala nuestro presi? ¿o por la firmeza con que se denunció la falta de democracia en Cuba?

El amigo Otto también nos ha tranquilizado al calificar la crisis que padecemos de «pequeña», al tiempo que expresaba su confianza en que la superaríamos pronto; eso sí, dentro de los parámetros impuestos por el libre mercado. La nota irritante la puso el diputado del Nuevo Espacio Felipe Michelini, quien tuvo la osadía de plantearle su preocupación por la política de subsidios que aplica EEUU para su producción. Pero Otto, que es un muchacho tan bien, se apresuró a responder que ellos están en contra de los subsidios y que si los aplican es para protegerse del subsidio europeo. Ya me parecía a mí que en realidad la culpa de todo la tiene el Viejo Mundo, cueva de comunistas terroristas.

Gracias a demócratas como él, el mundo occidental está a salvo; incluso está dispuesto a promover golpes de estado para proteger la democracia… con eso le digo todo.

Mientras todo esto ocurría en el Palacio Legislativo, en las pizarras de las casas de cambio la divisa estadounidense alcanzaba niveles inéditos. Yo digo, ¿no? todos los que en noviembre de 1999 votaron a Jorge porque suponían que con un gobierno de Vázquez el dólar iba a subir, ¿cómo se sentirán, qué dirán ahora?

No sé por qué, me viene a la memoria aquel tango que dice «si será gil ese gil que creyó en tu aristocracia» (cambiando aristocracia por la cualidad moral que usted quiera…). Y también propongo cambiar el consejo del Viejo Vizcacha «no debés creer en lágrimas de mujer ni en la renguera del perro» por «no debés creer en lágrimas presidenciales ni en promesas electorales». Sería como un aggiornamiento de la sabiduría popular encarnada en el padrino de uno de los hijos de Fierro, ¿verdad?

Pero volvamos a la interpelación

Según nos ilustra el diccionario, interpelar puede tener varias acepciones: «implorar el auxilio de uno o recurrir a él solicitando su amparo y protección. 2.- requerir, compeler o simplemente preguntar a uno para que dé explicaciones o descargos sobre un hecho cualquiera». Parece claro que habría que descartar la primera acepción pues nadie en su sano juicio solicitaría amparo y protección al ministro de Economía…

En nuestro régimen político-institucional, el vocablo se reserva para las instancias en que un senador o diputado pone en el banquillo a un ministro. Y si las explicaciones que da el ministro no son convincentes, se lo puede censurar y obligarlo a renunciar; este es por lo general el fin perseguido por quien promueve una interpelación.

Desde el verano venimos asistiendo a un recrudecimiento de la virulencia en los cuestionamientos al contador que ocupa la cartera de Economía, y todo hacía suponer que, o bien el propio ministro renunciaría, o bien se lo obligaría a renunciar por medio de la censura. Cuando la izquierda en bloque (EP y NE), el grupo de Larrañaga más algún otro blanco, la gente, los productores, la Concertación, es decir todo el mundo, viene reclamando la renuncia del equipo económico y un cambio de rumbo; cuando la gestión de Batlle recibe un 60 por ciento de desaprobación, ¿cómo se explica que ese rechazo social no se haya reflejado políticamente en una censura del Parlamento?

En fin, son cosas que uno se pregunta, ¿vio? *

* Periodista

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