Bagayo y churrascos
LUIS GRENE
El flaco grandote sacó la bocina y por el Palacio empezó el chucho. Varios fulanos abren el paraguas cuando habla el director aduanero. Se rasgan las vestiduras y hacen mutis por el foro. Es que la cosa entrevera bagayeros, billetes verdes, doctores de cuello duro y un montón de impunidad. En La Comercial, el viejo escribidor espera en la carnicería y se calienta la croqueta. Los nuevos precios de los bifes le dieron flor de susto. Y como está de moda el contrabando, se larga para los días cuando los churrascos se volvieron bagayo. Por el Montevideo de los 60 te castigaban con la carne congelada o la dulzona carne argentina. Los vecinos, muy cabreros, se las ingeniaban para morfar un fresco y criollo asadito. El asunto pintó por el lado de Canelones. Un contrabando hormiga de los que volvían de los pagos canarios con jugosos cortes. Para consumo personal y, de paso cañazo, para las fondas que pagaban buena guita por unos kilitos. Por el puente de Santa Lucía, el bagayito cárnico estaba debute. En los ómnibus, al costado de los asientos, paquetes en papel de diario. Ejemplares de «Acción» y «El Plata» terminaban como envoltorios de tiras de asado. Los inspectores hacían la vista gorda y solo confiscaban a los que no querían «arreglar». Se estilaba hacer una vaquita, una colecta para darles unos mangos y las barreras aduaneras desaparecían.
Los vivancos vieron el guille para hacer plata grande. Por el arroyo Carrasco aparecieron lujosas carnicerías. La ciudad sufría la veda y en ese oasis los bacanes compraban sin bajarse del auto. Era como Las Vegas pero llenita de chinchulines y mollejas. Varios personajes se forraron para toda la zafra. Coimas y faena clandestina que recordaban épocas más viejas de los hermanos Varela por el Campo Español. «Matarifes» que se baleaban con la policía al ser descubiertos sus destartalados galpones. Por los días del imperio de la carne en Carrasco fue un poco más tranqui. Algo efímero que, mientras duró, engordó los bolsillos de señores que luego se dedicaron a instalar «automotoras» y pitucos cabarets. Andaban en sus colachatas «Impala» y en la veraniega Punta tomaban sol con políticos muy amigos. Nada es nuevo. Ya sea cigarros, ropa o churrascos clandestinos. El bagayo es una miel demasiado dulzona y muchos quedan con los dedos pegoteados. *
Los esperamos sábados y domingos, a las 19 en 1410 AM LIBRE con el auspicio de la IMM.
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