EN ALGUNOS BARRIOS EL DESEMPLEO AFECTA A 72 DE CADA 1OO PERSONAS

La desnutrición infantil llega al 50% en el noreste de Montevideo

En el esquema regional de descentralización municipal se denomina «Zonal 9″ a una vasta zona del noreste de Montevideo cuyos límites son el Camino Carrasco, las avenidas General Flores y 8 de Octubre y, a corta distancia de Canelones, el barrio Villa García.

Allí viven unas 130 mil personas, distribuidas en comunidades ferozmente castigadas por el desempleo, que en algunos barrios de la zona afecta a 72 de cada 100 habitantes de entre 18 y 64 años según un estudio reciente realizado por sociólogos y economistas.

«Desde que empezaron a cerrar fábricas y empresas de todo tipo, la pobreza no paró de crecer. Aquí gran parte de la gente no tiene trabajo o gana muy poco. Otras cobran jubilaciones o pensiones que no alcanzan para nada. Los que están en mutualistas ya no tienen dinero para pagar los tiques y se han quedado sin asistencia médica. Muchísimas familias viven con casi nada y el hambre se ve en la cara de hombres, mujeres y chiquilines que se han ido derechito a la miseria. La vida de esta gente es un verdadero infierno. Y cada vez son más y más los que están así, sufriendo, enfermos, comiendo salteado», dicen habitantes de la zona.

La zona alberga a 80 asentamientos, en los cuales la miseria crece raudamente, potenciada por la desocupación masiva, los ingresos insuficientes y el consiguiente deterioro de la calidad de vida.

«La situación está cada vez peor. La gente debe sobrevivir en desesperantes condiciones. Para miles de personas, comer ya se está convirtiendo en un milagro», dicen en los asentamientos.

La realidad de los asentamientos no es muy distinta a la que ya se perfila en varios barrios de la región devastados por el cierre de fuentes de empleos, la carestía y el alto costo de los alquileres.

En esos barrios, sectores cada vez más amplios no logran satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, carecen de adecuada cobertura médica y sufren graves problemas en materia de vivienda.

La situación global en el Zonal 9 es «realmente grave y las soluciones no aparecen. Al contrario, la política económica del gobierno agudiza los problemas», coinciden en afirmar líderes comunitarios de la zona.

Como en otros puntos de la capital uruguaya, alimentarse con desperdicios y gatos se está convirtiendo en una salida para hombres y mujeres del Zonal 9 que carecen de empleo, muchas de las cuales tienen menores y ancianos a su cargo.

«Si no hacen eso, se mueren de hambre. Parece mentira que pasen estas cosas. Pero no es mentira. Es la pura realidad y cualquiera puede verlo si recorre estos barrios. Este es el Uruguay de hoy», dicen vecinos a LA REPUBLICA.

El concejal José Giménez revela: «Hay gente que va a la Usina 5, ubicada en Felipe Cardoso y Cochabamba, donde se depositan grandes cantidades de basura, a retirar desperdicios para comer o vender. En un asentamiento de la zona de la Chacarita, ya casi no hay gatos. La gente se los come porque no tiene con qué alimentarse. No hace mucho una investigación realizada por expertos dio como resultado que aquí la mitad de la población infantil está afectada por la desnutrición. Esto da la pauta de la situación crítica que estamos viviendo».

Una respuesta

Como respuesta inmediata a los gravísimos problemas que sufre la población del Zonal 9, se han diseñado importantes proyectos comunitarios de autogestión, varios de los cuales ya están en pleno desarrollo. «El común denominador de los proyectos es la creación de fuentes de trabajo, que es la necesidad básica de una enorme cantidad de familias de la zona afectadas por el desempleo y la carencia de recursos», explica Giménez.

Estos planes incluyen cooperativas, huertas familiares y otros emprendimientos pensados para producir, dar ocupación y extender y consolidar la ayuda mutua, señala Giménez.

Este programa de autogestión, que instrumentan en conjunto la Comisión de Derechos Humanos y la subcomisión de Trabajo del Centro Comunal, alienta una amplia participación femenina en todos los emprendimientos, cada uno de los cuales debe contar como mínimo con un 30 por ciento de mujeres.

«Estamos empeñados en sacar adelante estos proyectos, a los que vemos como herramientas útiles para resolver muchos de los problemas que ahora nos agobian y sentar las bases de un futuro mejor», dicen en la zona. *

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