PROHIBIDO PRA NOSTALGICOS

Un milagro chiquito

LUIS GRENE

 

Aparecen al costado del Obelisco. De nochecita, son tres pibes bien chicos. Delante de los autos, hacen morisquetas y quieren ser malabaristas. Uno sobre los hombros del otro. Lanzan pelotitas que se caen por falta de pericia. Son medio chambones pero logran alguna sonrisa de esos conductores que regresan acribillados por el invierno y Bensión. Entre el cambio de luces hacen un milagro chiquito.

El viejo escribidor chapa ese mambo de Bulevar y 18. Y le da por garabatear sobre niños y juegos ingenuos allá en los fines del 20. Los botijas mientras iban a la escuela o hacían los mandados, correteaban con sus «aros de barril». Con un fierrito controlaban ese girar y metían pata ligero. Esos aros los obtenían de los tradicionales barriles de yerba. Si no rompían los cataplines, si hacían molde en la espera del almacén, el gallego les regalaba un vacío barril de marrón madera. Sentaditos en el cordón, lo desarmaban. Un pichicho callejero mira asustado tanto revuelo. Crujía la madera y salían los aros para esa barrial diversión. Por el Sur y Palermo, los negritos hacían lo mismo. Por el murallón, ahí están unos cuantos. Dale que te dale, bruto pamento. Al aro no le daban mucha bola. Querían que saltaran las tapas y en un extremo del barril clavaban la curtida lonja. El tonel es de pronto un tambor. Con las sobras de un tarro de pintura un morenito le hacía los dibujos que había vichado en los Nyanzas. Juego de pibes, pasión de la raza. Era invierno e igual se rajaban para el Reus al Sur.

Los veteranos, de motas blancas, relojeaban a los pebetes y su borocotó. El más avispado, con un sombrero afanado al abuelo, pasaba la manga. En un baratillo, esquinero con el «Medio Mundo», compraban yemitas y caramelos. Gran panzada y de raje cada uno a su pieza porque si no te daban la biaba. En el patio, los caseros tambores, ahora silenciosos, al lado de la pileta protegidos de la helada con una arpillera. Niños corriendo atrás de sus aros. Otros, de punta con el tambor. Trillando sus barrios mientras el sol se apagaba en el viejo Montevideo. Hoy, con las primeras estrellas, aparecen otros pibes. Por el Obelisco luchan por el mango y quieren ser malabaristas. Brujitos que de rebote hacen un milagro chiquito. Hecho de sonrisas, monedas y hasta le dan letra a un veterano y su parlanchina memoria. Los esperamos, sábado y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE, con el auspicio de la IMM. *

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