Salto Grande hace agua
DANIEL MARTINEZ SOTO
El avance en el grado de deterioro de los equipos, y los graves riesgos que ello implica en el mayor complejo hidroeléctrico de la región, enfrentan a operarios y directivos, en Salto Grande.
Los trabajadores de la obra binacional, denunciaron en LA REPUBLICA que el deterioro llega ya a niveles de riesgo en áreas específicas, y que las partidas asignadas por el gobierno uruguayo son insuficientes para cumplir con cuidados mínimos imprescindibles. Los operarios, detallaron aspectos concretos de lo que ocurre en la represa, aunque declararon verse obligados a mantener reserva de sus identidades, «porque aún tenemos en nuestro estatuto del personal el despido sin causa, una Espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas, algo que ninguna delegación anuló: somos únicos en América con tan estrafalaria causa de sanción».
Por su parte el gerente de la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande, (CTM) ingeniero Carlos Máximo, dijo que, en conocimiento suyo, «no existe nada anormal, ni grave», anticipando que el lunes estará en condiciones de ampliar datos.
El origen del problema
Los trabajadores denunciantes de Salto Grande explicaron que el complejo mantenía uno de los más rigurosos sistemas de mantenimiento y recambio, un plan de trabajo conocido como MAPLA (Mantenimiento Planificado). Según detallaron, el MAPLA incluía todas las necesidades de la obra, desde mecánicos o eléctricos, de generación y distribución, hasta obra civil como albañilería y pintura. «En el plan figuraba hasta la fecha en que se debía efectuar el mantenimiento de cada pieza, órgano o elemento, cuántos hombres se necesitaban para la tarea, cuántas horas implicaba la labor, tiempo de vida útil de los componentes, y control del stock de repuestos».
El problema inicial –a su entender– se origina en 1995, cuando Salto Grande dejó de facturar y recaudar, pasando dichos asuntos a UTE.
Con ello, el Poder Ejecutivo comenzó a asignar una cantidad anual de fondos, para hacer frente desde sueldos a mantenimiento, y los gastos de la más diversa índole que implica el complejo.
En cifras oficiales, Salto Grande registra una ganancia de U$S 100 millones anuales para el Estado uruguayo. Pero de los U$S 50 millones que el gobierno destinaba para gastos, la cifra descendió en 2002, a U$S 36 millones. Paralelamente, de los 811 empleados que trabajaban en los inicios, actualmente quedan 511.
La situación llevó a que el mismo delegado uruguayo ante la CTM, Luis Batlle Bertolini, reconociera que el recorte presupuestal ponía en riesgo las acciones preventivas para mantener el equipamiento del complejo, tras 21 años de operaciones. «Necesitamos evidentemente manejarnos con un presupuesto no tan ajustado. Queremos una empresa eficiente pero, fundamentalmente eficaz. Y para eso, son muy importantes todas las acciones preventivas de mantenimiento, que es nuestra obligación», reconoció Batlle Bertolini.
Denuncias concretas
Para muchos operarios las cosas están alcanzando una situación grave, que empeora día a día. Los problemas más importantes están en el sistema general de cableados, cuyos aislamientos se encuentran en pésimo estado debido a las elevadas temperaturas a que se encuentran expuestos y la falta de reposición.
«Si no se tiene cuidado en la manipulación, el aislante se desgrana. Esto está alcanzando ya niveles peligrosos en la Compuerta Radiales del vertedero. También, aparece con más evidencia en los cableados de alimentación de servicios auxiliares de corriente alterna y continua», detallaron.
A los técnicos les preocupa sobremanera el estado del cableado en el sistema de excitación de generadores, indispensable para crear el flujo fuerte necesario al activar la generación. Peor aun sería la situación de los reguladores de tensión de ese sistema «a los cuales se va remendando como se puede. Es verdad que hay repuestos, pero éstos mal almacenados, están en iguales condiciones que los que están operando».
En el área de servicios auxiliares existen carencias que podrían degenerar en crisis -aseguran- ante algunas emergencias. Es el caso del sistema contra incendio de los generadores, donde las baterías de anhídrido carbónico carecen de carga de reposición.
El problema se conoce -aseguran- desde setiembre de 2001, cuando el sistema se «disparó» sin causa aparente y hasta ahora continúa sin arreglo.
En el mismo orden, está el generador diesel del sistema contra incendio por agua, cuyas cañerías, están carcomidas por la corrosión.
Afirman finalmente los operarios denunciantes que de tiempo atrás no se llevan a cabo las pruebas semanales del generador de emergencia, también perforado por corrosión.
«Es imprescindible en la recuperación de la caída en las centrales. Si ello ocurriera, no sabemos en realidad si funcionaría o no», indicaron.
Aspecto distinto, aunque no menos importante, máxime desde el punto de vista ambiental, lo estaría constituyendo la pérdida constante de aceite en la Unidad 1 de la margen derecha, o sea del lado argentino. Allí una pérdida por el «rodete» que alcanza a los 20 litros diarios, afecta directamente aguas abajo del embalse.
«Cuando se le repone aceite a todos los sistemas de presión, mientras al resto se le agregan entre 1.000 y 1.300 litros, a ésta, se le deben agregar hasta 3.500 litros, debido a la pérdida continua».
Los trabajadores agregaron que dos técnicos de Salto Grande concurrieron a cursos de especialización en la Central de Itaipú, «de donde regresaron con buenos proyectos para mejorar la tecnología de mantenimiento. Con ello se mejoraba y modernizaban los sistemas, utilizando elementos de última generación: hoy, esos proyectos duermen en algún cajón», afirmaron.
Como corolario de lo descripto, apuntaron que, aún cuando hay carencia de operarios y técnicos en áreas específicas, las horas extra han sido recortadas totalmente, habiéndoseles adelantado además a los trabajadores, que se avecinan disminuciones en los beneficios sociales conquistados.
Otra versión oficial
Para el gerente de la CTM, ingeniero Carlos Máximo, «las afirmaciones son erróneas: no hay deterioro acelerado, ni restricciones de los gobiernos para adquirir repuestos o para el mantenimiento». Reconoció sin embargo inconvenientes en los sistemas de alimentación a las compuertas «que ya estábamos tratando», y apuntó que «eso no es ni un problema, y mucho menos catastrófico».
El ingeniero puntualizó que «como se comprenderá, no todo lo que se desgasta debe cambiarse de un día para el otro: se cambia en función de parámetros técnico-económicos bien estudiados».
Enfatizó que «no existe nada para alarmarse», añadiendo que «las revisiones periódicas se están haciendo y no creo que la versión sea en absoluto, como está planteada». Adelantó paralelamente para este lunes, la posibilidad de disponer de información actualizada al máximo, con la que responder a las denuncias. *
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