El frío y la crisis: ¿realidad o sensaciones?
Escribe: Julio Cesar Castro
Ayer pasé por la casa de mi amigo el Toto y lo encontré rodeado de braseros. Estaba envuelto en una bufanda amarilla de lana tejida y su cabeza cubierta con una boina de vasco medio requintada a lo Gardel. Me invitó con un mate caliente y entre los braseros me ubicó un banquito de los que usa él, bajitos para estar cerca de la tierra, dice. Lo primero que comentamos fue el frío reinante, tema que si bien se agota rápidamente, da lugar a otras ramificaciones. «¿Sabés cuantos años tiene esta bufanda?, tiene 25 años, y me la tejió la vieja cuando cayó en cana por una volanteada, que la vieja ya tenía sus cincuenta pirulos y al correr dos cuadras la quedó, que tuvo que hacer amarilla porque la quiso tejer de tres colores pero se lo prohibieron porque era como tejer una bandera, era». «Toto –lo interrumpo–, está muy linda la bufanda, pero avivá ese brasero que no me llega el calor». «Antes los fríos eran distintos, Flaco, acordate». «La verdad, Toto, que yo recuerde, los fríos siempre fueron más o menos igualmente fríos». «No señor –dijo el Toto y le hizo roncar el fondo al mate como si el mate se sumara a su rezongo–, lo que pasa, Flaco, es que los hombres somos seres sugestivos, que nos sugestionamos con facilidad, y creyentes que le creemos todo lo que dice la televisión que es como un púlpito, o si lo preferís como un pulpito con cantidad de tentáculos que te atrapan y no te dejan ir, pero te engrupen con el control remoto para hacerte creer que efectivamente vos tenés algo controlado. ¿Entendés lo que te digo?». Le dije que en parte le entendía, pero que no veía la relación entre el frío y el control remoto. «Te explico, Flaco.
Cuando yo era botija la gente se cagaba de frío, con el perdón de la libertad expresiva de la palabra, más o menos como ahora, pero, ¿qué pasaba? Pasaba que si había cinco grados de temperatura, vos sentías el frío correspondiente a cinco grados de temperatura, que es lo que tenés que sentir si lo que hay son cinco grados. ¿Me seguís?». «Te sigo Toto, y dame otro mate caliente». «Ahora bien: con el asunto de los satélites y la mejora en materia de termómetros y otros medidores de la naturaleza que es sabia pero de tanto en tanto hay que corregirla, descubrieron la sensación térmica. Lo curioso, es que según el diccionario, los sinónimos de ‘térmica’, son: cálida, calurosa, caliente, tropical y caldeada. Es decir, que si hay cinco grados, la sensación debiera ser siete. Pero acá la usamos para el frío. ¿Qué es una sensación? Te explico, Flaco. Una sensación puede ser dos cosas, a saber: primero, una corazonada. Por ejemplo: Tengo la sensación de que la selección se viene de Corea antes de darse cuenta de haber ido. En segundo término, fíjate un poco, la sensación tiene que ver con la sensualidad, con el goce de los sentidos. Esas y otras sensaciones son más antiguas que el ombú de Ramón Anador, pero la que yo no conocía, entre tantas que modestamente he sabido tener, era la ‘sensación térmica’. ¿Qué hace la sensación térmica? Te baja la temperatura. Cuando te dicen que hay cinco grados, te agregan que la sensación térmica es de dos, entonces vos, que sos un fiel seguidor no sólo de las sensaciones sino de los informativos, te enfriás tres grados más hasta sentir los sensacionales dos. Sabés que si seguís sintiendo cinco, tendrás que reconocer que sos un insensible». Ya de retirada le pregunto al Toto qué sensación tiene de este gobierno. «Si ellos dicen que la situación real es de cinco, yo, Flaco, como con el frío, sufro la sensación, nada sensual, de cero». Al salir pensé en las medidas del gobierno y sentí un frío brutal. No voy a ganar nada, pero me gustaría sabe si fue tan sólo una sensación. *
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