Solidaridad maragata

En San José existe una alternativa para no dormir en la calle. Aquellos que no tienen la posibilidad de conseguir un techo que los cobije en invierno, cuentan con «El Refugio».

Esta Asociación Civil sin fines de lucro funciona en el edificio, refaccionado, del que fuera el Hospital Viejo.

Existe desde el año pasado y se mantiene, básicamente, por la buena voluntad de cientos de vecinos y organizaciones varias que colaboran anónimamente con esta obra humanitaria. En «El Refugio» todas las noches de junio, julio y agosto, entre 12 y 15 maragatos cenan, se bañan, duermen en camas limpias y abrigadas y desayunan al otro día. Sólo hay entre ellos una mujer; los demás, son hombres mayores y ancianos.

La presidenta de la asociación, Beatriz Alvez de Olagüe, explicó que se trata incluso de tener la ropa ordenada y limpia, para que quienes piden asistencia, si necesitan un pantalón, por ejemplo, vayan y lo busquen por talle, sin sentir herida su dignidad.

Entre 30 y 40 personas sostienen diariamente «El Refugio», pero sólo cobran por su trabajo, «porque están toda la noche», los dos serenos.

Enfermeras, limpiadores, un abogado, dos escribanos, una unidad de asistencia médica para urgencias, más de un centenar de socios colaboradores que aportan 20 pesos por mes, y hasta gente que se ofreció recientemente para construir con los albergados una huerta familiar, conforman este grupo que dedica, aunque sea una hora a la semana de su tiempo, a estos marginados de nuestra sociedad.

Pero la intención no es que allí se queden para que no mueran de frío en invierno. También se busca «ayudarlos con sus trámites por pensiones o apoyarlos con recomendaciones para conseguir algún trabajo que les permita salir un poco de esta situación» dice Alvez. *

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