El suero de la verdad y la seguridad de EEUU

Las autoridades de Estados Unidos están debatiendo la posibilidad de que los combatientes talibanes y los presuntos miembros de Al-Qaeda, prisioneros en Guantánamo, sean sometidos a la aplicación de "sueros de la verdad" o a torturas físicas para hacerlos hablar. El "suero de la verdad" es descripto generalmente como un medio relativamente suave de extraer informaciones.

Martes 18 de junio de 2002 | 12:00
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El ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) William Webster puso la cuestión del “suero de la verdad” en el tapete en abril último cuando instó a usar drogas para desatar las lenguas de sospechosos como Abu Zubaida, el asistente de Osama bin Laden, y los cautivos mantenidos en jaulas en Camp X-Ray en la bahía de Guantánamo, Cuba.

Cientos de capturados talibanes y beligerantes de Al-Qaeda han sido interrogados sin piedad pero aparentemente fue recogida poca información útil. ¿Pero realmente sirven los “sueros de la verdad”? El pentotal sódico, el más conocido de los compuestos que inducen a hablar efectivamente hace que la gente sea más locuaz, pero no necesariamente más honesta.

Los especialistas estadounidenses en espionaje, sabiendo que los sometidos a torturas pueden simplemente decirle al interrogador lo que éste quiere oír, hace tiempo que suspiran por una droga que permita extraer de las personas información confiable.

Una droga de éxito seguro estaba en la lista de deseos de los funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos desde 1942, cuando a los científicos que trabajaban para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), predecesor de la CIA que operó en la época de la Segunda Guerra Mundial, se les pidió que desarrollaran una sustancia química que pudiera acabar con las defensas psicológicas de los espías enemigos y de los prisioneros de guerra.

Después de experimentar con diversos compuestos, los científicos de la OSS seleccionaron un potente extracto de marihuana al que se le dio el nombre en código de TD, siglas de “truth drug” (droga de la verdad).

La CIA también emprendió un amplio programa de investigación. A principios de la década del 50 inició la “Operación Alcaucil” y comenzó a utilizar LSD durante las sesiones de interrogatorio. Inodoro, incoloro e insípido, el LSD fue saludado como “un nuevo agente potencial para la guerra no convencional” en un informe de la CIA de 1954. Pero incluso una subrepticia dosis de LSD, la droga más potente para doblegar las defensas de la mente conocida por la ciencia, podría no garantizar que un sujeto interrogado bajo sus efectos termine automáticamente por cometer indiscreciones y revelar secretos. Después de muchas pruebas y errores, la CIA se dio cuenta de que esa vía era problemática.

Finalmente, los expertos de la CIA entendieron que el medio más efectivo para emplear el LSD es utilizarlo como ayuda para el interrogatorio, amenazando a los sujetos interrogados con dejarlos locos o con alucinaciones permanentes a menos que aceptaran hablar. El LSD ha sido usado para interrogatorios sobre una base operacional, aunque escasamente, desde mediados de los años 50.

El Ejército de Estados Unidos también empleó el LSD como un arma para los interrogatorios. Una víctima que absorbió dosis tres veces superiores a la normal sufrió un colapso y golpeaba su cabeza contra una mesa. Según un informe del Ejército “el sujeto pedía que se le ahorrara la tortura que estaba aplicándosele. En su estado de confusión incluso pidió que se le matara a fin de aliviar su sufrimiento”.

Al pedir el uso de “sueros de la verdad” en los talibanes y supuestos miembros de Al-Qaeda, Webster dijo que cualquier información extraída de los prisioneros debía ser empleada solamente “para la protección del país”. Dijo, además, que debían aplicarse salvaguardias legales para impedir que los fiscales utilicen las confesiones en perjuicio de los detenidos.

Webster también dijo que se oponía al uso de la tortura contra los prisioneros. Esta puntualización, sin embargo, pasa por alto la cuestión fundamental, ya que las drogas utilizadas en los interrogatorios se han convertido en una forma de tortura. Más allá de si los “sueros de la verdad” son efectivos, hay una larga historia de prácticas que desdibujan las líneas morales entre el uso de las drogas para los interrogatorios y los métodos de tortura más abiertos.

Amnistía Internacional sostiene que el empleo de drogas de la verdad con propósitos de espionaje puede violar tratados internacionales y la Convención contra la Tortura de la cual Estados Unidos es uno de los firmantes. Pero ni la CIA ni los militares han renunciado al uso del LSD como un arma a utilizar en los interrogatorios.

“Es una pendiente resbaladiza”, admite Vincent Cannistraro, un ex jefe de antiterrorismo de la CIA. “Una vez que se han usado (drogas de la verdad) en casos que afectan a la seguridad nacional, entonces su utilización se convierte en una regla.

El pentotal sódico no es tan efectivo, de modo que se tiene que usar algo más fuerte. Es un salto hacia el LSD o a algo peor”, señala Cannistraro. *

 

(*) Martin A. Lee, escritor y ensayista, autor de los libros “Acid Dreams” y “The Beast Reawakens”, éste último sobre el neofascismo. Servicio especial de IPS, exclusivo para LA REPUBLICA.

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