La larga agonía de los bares
La imagen del bar «de copas» diría un veterano, donde los parroquianos se reunían en torno a un mazo de cartas, un billar, a leer el diario, comentar el partido del fin de semana o a filosofar sobre la vida y sus eternos misterios, parece estar agonizando en nuestro cada vez más deprimido Montevideo. Lamentablemente, en los últimos años, es moneda corriente encontrar uno de estos santuarios urbanos con un cartel de «se vende» o «se alquila».
La crisis económica, sin duda el principal factor, sumado a la inseguridad y nuevos hábitos y tendencias (léase shoppings y servicio delivery, por ejemplo) han derivado en un sustancial descenso de la clientela. Si antes, al caer la tarde, era frecuente observar los bares céntricos colmados de parroquianos, hoy a nadie extraña ver el paisaje inverso: mesas vacías y mozos de brazos cruzados, silbando bajito, a la espera de un cliente. El domingo es una muestra elocuente de este desolador paisaje: el 80 por ciento de los bares bajan sus cortinas.
«Han cambiado las modalidades de venta y de consumo. Lo que más nos preocupa es el total cambio de hábito de la población. La fase económica es la que incide, la gente dejó de reunirse a tomar un café, una copa, en aquellas tertulias de los bares céntricos o en los barrios. Hoy, prácticamente, no quedan bares de barrio. El espíritu del bar tradicional se ha ido acotando totalmente», explica Daniel Fernández, vicepresidente de la Cámara de Baristas y Afines del Uruguay (Cambadu).
Cambiar para no morir
Cambadu cuenta con 3.200 afiliados pero se estima en el doble la cifra de bares, almacenes y provisiones que existen en Montevideo. En lo que va del año, en comparación a igual período de 2001, los ingresos han descendido un 20%, aunque la debacle comenzó años atrás. Ante tal panorama, muchos debieron cerrar sus puertas.
Los que aún sobreviven, deben apelar a la imaginación y nuevos servicios para tratar de reconquistar a los clientes.
En el caso de los bares ubicados en el centro y las principales avenidas de Montevideo una de la estrategias pergeñadas por sus propietarios es el servicio de menúes económicos (o combos), diferentes cada día, que incluyen plato principal, pan, una copa de vino o refresco y, en algunos casos entrada y postre, por una suma que oscila entre los 50 y 60 pesos. También se apela al servicio delivery (pedidos a domicilio), fundamentalmente en el caso de las pizzerías.
«Estamos apostando a precios muy económicos con el objetivo de atraer al público. Que el cliente sepa que con 50 pesos puede comer. En cierta medida, a este sistema nos llevó McDonald’s», admite el dirigente.
Fernández asegura que el costo fijo de los menúes económicos no sacrifican la calidad. «Somos conscientes que la calidad es lo que nos diferencia y sin ella estaríamos perdidos», admite y agrega «pero seamos honestos, entre la tevé cable y una pizza que se adquiere por 10 pesos en un supermercado, a los baristas se nos hace muy difícil. La gente sacrificó calidad por motivos económicos», manifestó el dirigente de Cambadu. Hay otro factor a tener en cuenta a la hora de explicar la situación. El gremio de los bares debe enfrentar una competencia desde diferentes frentes, como es el caso de las estaciones de servicio y los autoservices.
«Hoy para una estación de servicio es más negocio los puestos de venta de alimentos y bebidas que la estación en sí. A esto hay que sumarle la competencia de las panaderías, las fábrica de pastas, el supermercadismo y los kioscos. Si se le pregunta al cliente si prefiere tomar un refresco en un lugar seguro y cómodo o tomarlo caminando, en la calle, elige lo primero. Pero volvemos al tema económico, en la calle sale ocho pesos y en un bar 20 pesos. Nosotros debemos enfrentar fuertes cargas impositivas y de estructura que encarecen el producto», afirmó Fernández.
«Hoy no existimos»
El fenómeno de los shoppings también ha tenido su cuota de responsabilidad. Las comodidades ofrecidas por estas grandes estructuras de cemento (cines, variada oferta gastronómica, seguridad y estacionamiento vigilado) terminó por ganarle la pulseada a la otrora coqueta 18 de Julio.
«Se llevaron el mejor público», admite el dirigente. «Se cayeron prácticamente todos los cines y, por ende, la salida tradicional de ir al cine y después a comer. El cepo después fue el golpe de gracia para el centro. Cuando vas a un shopping estás en el primer mundo, cuando venís a 18 de Julio estás en el Uruguay».
Fernández adelantó a LA REPUBLICA que Cambadu, junto con la Intendencia Municipal de Montevideo, viene trabajando en un proyecto con miras a rescatar aquellos bares históricos que aún quedan y, con ellos, parte del acervo cultural uruguayo.
«Se están perdiendo lugares que eran tradicionales. Por ejemplo, sólo quedan dos casas de billares en Montevideo. En próximos días, vamos a presentar el proyecto a la Intendencia. La idea es que, de alguna forma, la comuna nos baje la carga impositiva y nosotros, en contrapeso, realicemos otras actividades para salvaguardar estos lugares. La Intendencia también es consciente de que se están cayendo casas históricas», afirmó Fernández.
«Lo que más se ha resentido es el bar tradicional, donde concurría un grupo de amigos a tomar una copa y pasar un buen momento. La situación económica es el principal factor pero a eso hay que sumarle la inseguridad, el temor a salir. Las casas gastronómicas ubicadas en el centro cuando más trabajaban era en la noche. Hoy no existimos, nos quedamos hasta la una, dos de la mañana por capricho, no porque estemos vendiendo». *
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